Por Diana González Delgado
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El periodista del diario El País de España, Jesús Duva, estuvo en Paraguay para participar de un coloquio internacional sobre “Seguridad Ciudadana y Medios de Comunicación” organizado por el Programa de las Naciones Unidas. Sostiene que seguridad ciudadana no es solo mano dura contra la delincuencia sino que implica una serie de factores y situaciones que exigen la participación de todos los sectores de la sociedad para combatir los problemas estructurales de fondo. Habla de la experiencia española en materia de seguridad y defiende la libertad de expresión. Admite que en países como Venezuela y Ecuador está en peligro la labor periodística. Considera que no hace falta una ley de prensa ya que el Código Civil y el Código Penal establecen sanciones a quienes difamen y calumnien.
-¿Cómo puede describir el alcance del término seguridad ciudadana?
-En general el público, cuando se habla de seguridad ciudadana, tiende a equiparar con ley y orden, mucha mano dura y control, más policías, más despliegues de pistolas en las calles y no es así. Este es un fenómeno que en España ya lo hemos vivido y creo que en Latinoamérica está ocurriendo lo mismo. Afortunadamente en España la seguridad ciudadana se equipara a la garantía de los derechos fundamentales. Quiero decir que no es solo policías, sino que implica una serie de elementos para garantizar que el ciudadano pueda realizar todos sus derechos en libertad.
-Si no es mano dura como pide la gente para combatir la inseguridad, ¿cuál es la solución?
-Se puso en marcha en España por ejemplo una serie de medidas para la reinserción de delincuentes, tratamiento de adictos... Los gobiernos deben tejer una red en la que intervienen elementos de apoyo a los individuos marginados porque gran parte de la inseguridad es a consecuencia de ello. En España se ha demostrado que no da resultados (la mano dura), que no basta, está bien pero requiere de muchas cosas.
-Habla de atacar los problemas de fondo...
-Atacar los problemas de fondo. En la prensa española lo que más nos preocupa hablando de la seguridad ciudadana, de delincuencia, es la violencia de género, la violencia machista contra las mujeres en el entorno familiar. Es un fenómeno que en España está causando mucha alarma porque por ejemplo este año llevamos 60 mujeres asesinadas por sus maridos, ex maridos, novios o ex parejas. Durante algunos años hubo la tendencia de creer que eso se podía resolver solo con policías. Es imposible que la Policía vigile a todos los posibles maltratadores que hay, que son muchos.
-¿Qué experiencia puede compartir España con Paraguay en materia de seguridad?
-En España el acercamiento de la Policía a la ciudadanía ha sido importante. Es decir que la ciudadanía tenga más confianza en la Policía, mayor contacto. Lo que se pretende en España es que el ciudadano no tenga miedo a la Policía, es más, debe acudir y exigirle que le proteja, para eso le pagamos. Por otro lado, hay mucha articulación de la sociedad civil, de grupos vecinales y asociaciones que por ejemplo actúan cuando hay malos tratos o marginación hacia inmigrantes, que es un tema que preocupa a España.
-¿Está en contra de los medios sensacionalistas?
-Estamos rotundamente en contra. No hay que convertir el dolor, la tragedia humana en un espectáculo. Hay que ocuparse de ello, cubrirlo con tacto, con naturaleza y no convertirlo en materia de espectáculo, sino de información para tratar de ahondar, llegar a las raíces y solucionar el problema. Esa es nuestra postura.
-Su postura acerca de la libertad de prensa...
-Me parece fantástica y fundamental. En España estamos convencidos de que la libertad de prensa es un pilar básico de las sociedades democráticas que permiten ejercer un control fundamentalmente sobre los gobernantes, supone que se ataque los hechos de corrupción. En España otro de los temas estrellas de asuntos policiales es la corrupción que estamos descubriendo en las alcaldías, a nivel de municipalidades. Afortunadamente podemos trabajar en eso aunque lógicamente los alcaldes, concejales, cuando son acusados siempre nos denuncian y nos querellan por calumnias, injurias. Los jueces, para que la prensa demuestre que tiene pruebas, que es cierto, nos apoyan.
-¿Cree que en algunos países está en peligro la libertad de prensa?
-Sí, hay peligro.
-¿En qué países por ejemplo?
-Por no irme muy lejos, en España. No hay peligro, creo que está consolidada pero siempre hay por parte de la gente poderosa, empresarios corruptos, políticos corruptos o personas que tienen cierto poder que tratan de refrenar el poder de la prensa.
-¿En los Gobiernos de Venezuela y Ecuador?
-Yo creo que sí, sin ser un experto. Recientemente tuvimos en Montevideo un encuentro muy interesante en el que me contaron los compañeros de estos países de Venezuela, Ecuador, que tenían serias dificultades para trabajar. Por ejemplo, no tenían facilidad para acceder a las fuentes. En España tenemos relativamente facilidad, la Constitución garantiza.
-El actual presidente Fernando Lugo, cuando era candidato, habló de una ley de prensa que, aunque después dijo que no la haría, aún persiste el temor...
-Nosotros tuvimos una ley de prensa imprenta. Estuvo vigente en la democracia hasta que fue languideciendo poco a poco. Creo que sigue vigente pero no se aplica afortunadamente.
-Es partidario que exista una ley de prensa...
-En España decimos que la mejor ley de prensa es la que no existe. Creo que lo mejor es regirnos por las leyes ordinarias. Los periodistas estamos obligados a difundir informaciones, opiniones veraces, exactas y contrastadas y si uno publica o difunde informaciones, opiniones falsas o calumniosas para eso está el código penal, civil ordinario que afecta a todos los ciudadanos.
-¿Una ley de prensa buscaría coartar la libertad de expresión?
-Posiblemente sí. En España nos atenemos a las leyes normales del Código Civil y del Código Penal. Si uno difunde informaciones inexactas se arriesga a ser condenado, si uno difunde términos o expresiones calumniosas puede ser condenado por la ley penal. Hay suficientes mecanismos de las personas que se puedan sentir afectadas primero por la vía penal, que es lo más frecuente, y acabada esa vía penal si el ofendido cree que no ha sido satisfecho porque el juez no le ha dado la razón y tiene la razón, puede arremeter contra el periodista por vía civil, intentando buscar una indemnización económica.