BUENOS AIRES - ARGENTINA
El sacerdote Juan Carlos Molina, al frente de la lucha contra el narcotráfico en Argentina, señaló ayer que el país “amerita un buen debate” sobre la despenalización de la marihuana, a raíz de la reciente aprobación de una ley en Uruguay que legaliza su producción y venta.
“Argentina amerita un buen debate de esto. Tenemos la capacidad de hacerlo, no tenemos que subestimarnos”, afirmó Molina a Radio del Plata al ser consultado sobre la despenalización en el país vecino. Molina, recientemente designado titular de la Secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico de Argentina (Sedronar), subrayó que antes de nada es necesario evitar la criminalización del consumidor y perseguir a los dueños del negocio del narcotráfico.
El sacerdote aseguró que la presidenta argentina, Cristina Fernández, le ha pedido que “cambie la mirada de la Sedronar” y centre su trabajo en la prevención de las adicciones.
“Metete en la prevención, llenemos la Secretaría de jóvenes que trabajen por los jóvenes, hacé una cruzada en esto de ganarle al narcotráfico”, le dijo la mandataria, según repitió el padre Molina.
ONU califica de pirata. El presidente del organismo de la ONU que vigila el cumplimiento de las normas internacionales sobre drogas, Raymond Yans, se mostró muy crítico con la ley que legaliza la marihuana en Uruguay y subrayó que no respetar los convenios internacionales de los que se forma parte es propio de “piratas”. En entrevista exclusiva, Yans sostuvo que la aplicación de la ley, aprobada esta semana por el Senado uruguayo, viola la Convención sobre drogas de 1961, de la que forman parte 186 estados, incluido Uruguay, y lamentó la falta de diálogo con las autoridades de Montevideo.
“Este es un tipo de visión propia de piratas, que un país decida no retirarse de la Convención y tampoco respetarla”, dijo Yans, presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
En Uruguay, si el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) ya tuviera una sede física, habría cientos de personas golpeando sus puertas o saturando sus líneas telefónicas. En el interior ya hay unos 15 grupos de amigos que quieren formar clubes de membresía de cultivo de marihuana y están ansiosos por que el gobierno les diga qué pasos deben seguir.