La decisión suspende un programa piloto patrocinado por Defensa que obligaba a los obreros palestinos que trabajan en Israel a regresar a sus hogares en Cisjordania a través del mismo puesto de control militar de acceso y sin emplear las líneas de autobuses israelíes. La decisión, que aún no fue anunciada formalmente ni por la Oficina del Primer Ministro ni por el Ministerio de Defensa, sigue a las duras críticas recibidas tanto por organizaciones defensoras de los derechos humanos como por la oposición y otros grupos políticos. El líder laborista Isaac Herzog, que encabeza la plataforma Campo Sionista, dijo que “la separación de palestinos y judíos en autobuses públicos es una humillación ilegal y mancilla al país y a sus ciudadanos”.
En su perfil de Facebook, Herzog advirtió de que incendiaría las llamas del odio hacia Israel en todo el mundo. El ex ministro del Interior y miembro del conservador Likud, aunque retirado de la política, Guideon Saar, criticó el programa que “causa un grave daño a los asentamientos en Judea y Samaria (Cisjordania) y a la imagen de Israel en el mundo. No puede permanecer en pie”. EFE