Con mucha pena nos enteramos en estos días que solo 1 de 4.200 jóvenes que postulan a las 1.000 becas universitarias de Itaipú realizó el 100% del puntaje en Matemáticas; en tanto que en Lengua Española, solo 21 de los bachilleres alcanzaron el total de puntos.
Estamos hablando de una beca destinada a jóvenes sobresalientes, de escasos recursos, provenientes de todo el país.
Pregunto, ¿quién asumirá la responsabilidad ante estos y millares de otros chicos y chicas estafados por un sistema educativo que les dio una formación apenas mediocre?
¿Quién devolverá a estos jóvenes el tiempo y revertirá la pobre educación que les limita sus ya escasas posibilidades hasta para acceder a una beca?
¿Cuánto más habremos de escandalizarnos ante resultados como los que nos revelan concursos como el de Itaipú para asumir como causa nacional la creación de todas las condiciones necesarias para una educación de calidad?
“Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno ni es bueno el maestro”, dice un adagio.
Se tiene que invertir y muchísimo en la capacitación de los docentes en ejercicio y de los nuevos profesores que buscan un cargo, para que sean los mejores.
Si los malos maestros son a su vez producto de una formación deficiente y pobre, lo que hay que transformar son las instituciones de educación docente, volviéndolas competitivas, exigentes y de alto nivel de calidad.
Si tenemos maestros mediocres que ya están en las aulas, hay que invertir en su actualización y formación continua, ofreciéndoles facilidades para participar de los cursos y motivándoles con otros incentivos, como una ley de carrera docente que permita salarios diferenciados.
Se les debe garantizar que aquellos con más cualificación, recibirán mayor remuneración.
¿Qué educador se verá animado a capacitarse permanentemente, si aún así seguirá cobrando igual que sus pares mediocres?
Tiene que crearse un sistema que los ponga a competir entre ellos, pero no para uniformarse para abajo, sino para igualarse hacia arriba.
Esto demanda un eficiente sistema de evaluación sobre el rendimiento de cada uno, que debe agregarse a un amplio programa de capacitación continua.
Si para ello hace falta traer a expertos del exterior, pues hay que hacerlo, cueste lo que cueste. Es una inversión necesaria de la que en gran medida depende que el país tenga un futuro sustentable.
Un dato esperanzador es que se destinarán 500 millones de dólares de fondos del Fonacide este año para capacitación docente. Si existe una real intención de superar la mediocridad, esta suma como mínimo debe duplicarse el próximo año.