EFE
Los habitantes de La Chacarita son parte de las 58.300 personas de la capital que han tenido que abandonar sus hogares, mientras que en todo Paraguay hay unos 160.000 desplazados por la subida de los cauces, según la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN).
Desde hace unos días unas 250 personas de La Chacarita desalojadas por el agua se han armado de maderas, cartones y hule para instalarse con sus familias en un terreno que hasta ahora servía de aparcamiento para funcionarios del Congreso.
Eugenio Ferreira, que se dedica a la venta de alimentos, dijo a Efe que tuvo que marcharse con todas sus pertenencias a ese lugar después de que las aguas se tragaran su casa.
“Me he gastado dos millones de guaraníes (unos 453 dólares) en comprar madera y en todo el traslado. La intendencia ha repartido a cada familia diez chapas de madera fina, lo que no es nada”, indicó frente a las galletas, yerba, aceite, jabón y otros productos que se ha llevado consigo.
Ferreira se queja de que las condiciones en las que viven ahora son infrahumanas: carecen de agua potable y electricidad, y los escasos sanitarios proporcionados por el ayuntamiento están atascados.
“Estamos como si no existiéramos, como si fuéramos animales”, protestó ante su mujer y algunos de sus hijos menores.
Añadió que es inconcebible que la gravedad de la situación no haya despertado el interés de los diputados y senadores.
“Aquí no se ha acercado ninguna autoridad. Qué les cuesta a los congresistas acercarse a preguntarnos qué nos falta cuando estamos a solo diez metros de ellos”, planteó.
Al lado, Juan Carlos Resquín, pintor de obra, señaló que él también ha tenido que adquirir puntales de madera para su temporal refugio, después de ver inundada su casa.
“Lo que nos dan no es mucho, y he tenido que comprar en la carpintería”, dijo Resquín, nacido hace 40 años en La Chacarita.
La escuela del área 3 de Febrero, la zona del barrio donde vivía, también ha sido devorada por el río y está cerrada hasta nuevo aviso, con lo que sus dos hijas están sin clases y colaboran en las tareas de construcción.
Otros de los desplazados del barrio han remontado el aparcamiento y se han asentado en una plaza junto al Cabildo, histórico edificio colonial situado entre la Catedral y el Congreso, donde han comenzado a levantar estructuras rudimentarias.
Allí las edificaciones son todavía más precarias que metros más abajo, ya que se componen de cartones y mantas viejas que funcionan como débiles paredes.
Así es la barraca que ha improvisado Felipa García, una anciana que, para ganarse la vida, lava ropa y recoge envases de plástico que luego vende como material para el reciclado.
Mirian Chávez, su vecina de penurias, ni siquiera había logrado hacerse con un techo para cubrir la inestable tienda que ha montado, desde la cual se divisa el río Paraguay en toda su crecida.
“Vivo sola con mi hijo de cuatro años y he tenido que hacer sola toda la mudanza”, dijo mientras mostraba sus enseres en la casucha desnuda.
Chávez mostró su disgusto por el hecho de que el mandatario paraguayo, Horacio Cartes, fuera a Brasil para presenciar el partido inaugural del Mundial, cuando sus compatriotas sufren.
“Nuestro presidente no quiere saber nada de los pobres”, dijo.
La mayoría de los habitantes de La Chacarita son descendientes de familias campesinas emigradas hace décadas desde el interior del país.
Ese éxodo rural se radicó también en otros barrios de Asunción en las márgenes del Paraguay, donde muchos de sus vecinos no pagan alquiler ni electricidad, ya que la obtienen mediante tomas piratas.
Pero a cambio, cada año por estas fechas están expuestos a ser expulsados por las crecidas del río.