15 ago 2026

Introducir en la vida la miserdicordia

Transcribo una página actualizada del teólogo J. A. Pagola.

“Si Dios es como el padre del hijo pródigo, tiene que cambiar mucho la actitud de las familias hacia los jóvenes rebeldes, que no solamente se hacen daño a sí mismos, sino que ponen en peligro la convivencia entre todos”.

“Si Dios se parece a ese dueño de la viña que quiere pan para todos, incluyendo a los que no tienen trabajo, habrá que acabar con la explotación de los grandes propietarios y con las rivalidades por egoísmo entre los propios obreros”.

“Si Dios en el mismo templo acoge y declara justo a un recaudador deshonesto que se confía a su misericordia, habrá que replantear de manera nueva esa religión que bendice a los observantes y maldice a los pecadores, abriendo entre ellos un abismo casi infranqueable”.

“Si la misericordia de Dios puede llegar hasta un herido caído en el camino, no a través de los representantes religiosos, sino por la acción caritativa de un hereje samaritano, habrá que suprimir sectarismos seculares para comenzar a mirar con ojos compasivos y corazón abierto al sufrimiento de los abandonados en las cunetas. Sin estos cambios nunca vendrá el Reino de Dios”.

“Para acoger el Reino de Dios no es necesario marchar al desierto a crear ‘una comunidad santa’, no hay que encerrarse en la observancia escrupulosa, no hay que soñar en levantamientos violentos, como quieren algunos impacientes”.

“Lo que hay que hacer es introducir en la vida de todos la compasión. Una compasión parecida a la de Dios. Hay que mirar con ojos compasivos a los hijos perdidos, a los excluidos del trabajo y del pan, a los delincuentes incapaces de rehacer sus vidas, a las víctimas caídas en las cunetas”.

Humildemente confieso que solamente por todo esto pasa el ser cristiano.

¿Lo vivimos, cristianos o no, todos juntos en el Paraguay?