25 feb. 2026

Intensa lluvia eleva el nivel del río y complica mudanza de damnificados

Foto: UH Edicion Impresa

Foto: UH Edicion Impresa

Si bien el panorama en toda la ribera de Asunción se presenta de por sí bastante sombrío para las familias ribereñas, la copiosa precipitación caída ayer complicó aún más la situación a raíz de que elevó el nivel de las aguas del río Paraguay y dificultó la tarea de mudanza hacia zonas altas de la ciudad.

La gente afectada por la inundación en las costas capitalinas se ingenió en la víspera para salir de sus patios anegados y para construir en los refugios habilitados o en espacios públicos como plazas, paseos y veredas sus precarias casas de terciada, puntales y zinc, bajo una intensa lluvia.

En muchos casos, los evacuados tuvieron que dejar sus pertenencias a la intemperie, desde camas, roperos y otros enseres, hasta que se despeje un tanto el fenómeno climático y les permita terminar de levantar las viviendas en las cuales se asentarán hasta que retroceda la crecida.

DRAMA. Según datos de la Dirección General de Gestión y Reducción de Riesgos y Desastres (DGGRD) de la Comuna capitalina, un total de 887 familias ya fueron evacuadas de los bañados Norte, Sur y de la Chacarita, cuando la altura del río alcanzó ayer 5,30 metros (subió 7 centímetros), a solo 20 centímetros del nivel crítico.

Vivian Riveros, trabajadora de esta dependencia municipal, quien dijo que ya sacaron a 200 familias del sector de San Roque, ubicado a un costado de la Costanera Norte II, explicó que el traslado de las personas afectadas se torna difícil con la lluvia a raíz de que los camiones que se utilizan no son cerrados.

“Los artículos y muebles de las personas se mojan todo, pero es imposible dejarlos en sus casas, que ya están inundadas. Es muy peligroso. Hay muchos niños y adultos mayores que no pueden seguir en esos lugares”, sostuvo.

Por su parte, Alejo Osorio, quien proviene de la zona de San Roque González de Santa Cruz, de Trinidad, lamentó que muchas de sus pertenencias se hayan mojado por la inclemencia del tiempo, pero que ya debían salir para escaparse de la crecida.

“Es triste tener que mudarse cada seis o cinco meses. La pasamos bastante mal”, expresó finalmente.