03 may. 2026

Innovación tecnológica y productividad

En el Paraguay prácticamente hemos dejado pasar el tren de la historia en materia de innovación, a excepción de algunas empresas y manufacturas. Por eso nuestro estancamiento en el sector industrial. Y también nuestro crecimiento vegetativo y cíclico en los sectores de la producción agrícola y ganadera. En ambos, la innovación biotecnológica es reducida. En la soja se avanzó, pero no en añadirle valor agregado a la materia prima, que hubiera aumentado enormemente su productividad, y los ingresos.

Lo que queremos significar es la importancia de la innovación tecnológica para nuestra economía y desarrollo. La falta de una política pública en este ámbito incidió para la escasa evolución aun en las empresas nacionales. En el ferrocarril nos quedamos en el recuerdo de ser uno de los primeros países de la región que lo tuvo. Y eso a pesar de nuestro excedente en energía eléctrica.

Pero el ejemplo más claro de nuestro atraso en la innovación tecnológica lo constituye la Industria Nacional del Cemento (INC). Con responsabilidad y previsión hace ya más de 10 años que debimos ampliarla e instalar las modernas maquinarias para su producción. Ya entonces la demanda justificaba la inversión. Pero nuestra desidia pudo más, y ahora tenemos que importar el cemento de un país que viene siendo modelo de innovación tecnológica, como lo es Uruguay.

Hay que ver lo que se está haciendo en ese país en sectores productivos que solo necesitan de recursos como la tierra, el agua y la energía. Ahí está su fortalecida ganadería con una producción genética de altísima calidad. O el empleo de la biotecnología para la reforestación, área en la cual además se ha instalado una gran industria de la celulosa. Y, ¿nosotros? Nada.

En nuestro contexto la producción algodonera se retrae. Y eso que la fábrica de Manufactura de Pilar no solamente se ha mantenido, sino precisamente se destaca por su innovación tecnológica, produciendo un tejido de envidiable calidad. Y también confecciones. Pero en el cultivo del algodón retrocedemos. Es como si no tuviéramos un ministerio de agricultura o una facultad de agronomía. ¿Dónde han ido a parar la cooperación francesa y japonesa?

A propósito, estamos obligados a incrementar la cooperación internacional para el desarrollo de la innovación tecnológica en nuestro país. Con ese fin, hay mucho por hacer con Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Corea, además obviamente de Francia y Japón. ¿Por qué le dejamos la cancha libre al Brasil? ¿Será porque tiene un Gobierno preocupado por el progreso y un servicio exterior ejemplar?

Volvamos a la cuestión del cemento. Se observa una gran coincidencia entre actores estatales y económicos de que es imprescindible invertir en obras de infraestructura. Sin embargo, la INC ya no tiene la capacidad para cubrir la demanda interna, y en circunstancia en que también crece el sector importante de la construcción. De modo que únicamente en materia de producción del cemento ya no podemos seguir postergando la innovación tecnológica.

La productividad agropecuaria pasa por ella. Lo que tenemos y sabemos hacer la requiere con urgencia. Pues si avanzamos en tecnología y biotecnología, nuestra economía será más sólida. No obstante, debemos convencernos de la necesidad de un paralelo crecimiento industrial (en agroindustria, principalmente).

Ahora que se viene la asamblea de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), cabría la oportunidad de insistir en una agenda país centrada también en la industrialización. Y tratar de abrir los ojos a los políticos para que en sus programas electorales se ocupen asimismo de este factor determinante para nuestro desarrollo.

Los caminos a recorrer no necesitan que los inventemos. Basta con pensar en ellos. Y, sin duda, la innovación tecnológica nos llevará a una mayor productividad, la cual, a su vez, generará riqueza, capital social y desarrollo. Es decir, el nuevo país que nos espera.