09 jun. 2026

Ingreso básico universal para garantizar una infancia protegida

La pandemia mostró con suma claridad todos los problemas que enfrenta Paraguay y puso en perspectiva un desesperanzador futuro si no impulsamos cambios que transformen estructuralmente los fundamentos sociales y económicos. La sostenibilidad del crecimiento económico y de la deuda a largo plazo recaerá en los niños, niñas y adolescentes de nuestro país, por lo que necesitamos pensar en instrumentos innovadores como el ingreso básico universal para garantizarles una infancia protegida y el ejercicio pleno de sus derechos. El Paraguay tiene una deuda pendiente con ellos, por lo que estamos ante la oportunidad de ponerlos como prioridad para salir de esta crisis y que se conviertan de esa manera en verdaderos protagonistas del desarrollo del país.

La desprotección laboral y los bajos ingresos de los trabajadores paraguayos fueron las señales más terribles de la pandemia, ya que se traducen en la imposibilidad de reducir la actividad económica para proteger la vida de las personas, tal como lo hicieron los países más desarrollados.

La baja calidad del empleo de los proveedores del hogar tiene como efecto directo una mala calidad de vida en la niñez y adolescencia.

De los 2.500.000 niños, niñas y adolescentes menores de 18 años que viven en el país, 2.000.000 residen actualmente en hogares con adultos que no logran ganar ni siquiera el sueldo mínimo ni el equivalente a la línea de pobreza. Es decir, la mayoría se desenvuelve en hogares donde el trabajo remunerado no garantiza ingresos para llevar una vida digna.

Sin ingresos suficientes las familias apelan a diferentes estrategias como la migración y el trabajo infantil y adolescente, con las consecuencias que ello conlleva en su salud y educación así como en la desarticulación familiar.

Este problema no se origina con la pandemia, dando cuenta de que estos niños, niñas y adolescentes vivían ya en una situación de emergencia antes de la llegada del Covid-19. La recuperación a largo plazo dependerá de que se revierta esta situación de manera drástica.

Paraguay está perdiendo la oportunidad del bono demográfico en un contexto de ralentización del crecimiento económico y aumento de la deuda. La falta de prioridad en este grupo etario en las políticas públicas pone en riesgo cualquier posibilidad de desarrollo.

Sin educación y salud de calidad y sin ingresos suficientes para alimentarse, vestirse, trasladarse a los centros educativos y sanitarios o asistir a actividades deportivas y recreativas, Paraguay tendrá obstáculos insalvables en el mediano y plazo.

Paraguay necesita crecer en los próximos años de manera a generar empleos para la juventud que se sumará a la oferta laboral y para generar los tributos que paguen la deuda.

Si no cerramos los círculos estaremos condenados a la pobreza, la desigualdad y el conflicto social.

Poner en primer lugar a la niñez y a la adolescencia requiere servicios universales de calidad de salud y educación y los ingresos suficientes que permitan hacer uso de esos servicios.

El mundo está discutiendo con cada vez mayor interés la posibilidad de proveer a determinados grupos sociales un ingreso básico universal que contribuya a reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida.

La pandemia aceleró esa discusión y puso la mirada en la niñez de manera a mitigar los efectos de la misma y dar un impulso al desarrollo infantil como pilar del desarrollo. Paraguay no puede perder la oportunidad de analizar este instrumento como una garantía para el ejercicio de los derechos en la infancia, pero también para garantizar una trayectoria sostenible del crecimiento y de la deuda.

Los niños, niñas y adolescentes serán quienes se hagan cargo en el mediano plazo; por lo tanto, es nuestra responsabilidad hoy poner los cimientos de su desarrollo.