En la misa de Nochebuena, celebrada en la Basílica de Caacupé en modo Covid, monseñor Ricardo Valenzuela destacó la espera con ansias de mucha gente a que llegara medianoche para agradecer, sobre todo por la salud, en estos tiempos de pandemia.
Recordó que tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo para la salvación de los hombres y que el Niño que nace en el pesebre llama a una instrospección, a ver cuán solidarios somos con los demás en estos tiempos difíciles. Destacó las ollas populares y su valor inmenso para sobrellevar la dificultad de tantas familias que están en la pobreza.
En la noche en que también se encargó de la bendición del pesebre del Santuario pidió a buscar a Dios, “no debemos buscarlo lejos, él está cercano”.
Refirió que “el Niño que nace nos interpela, nos llama a dejar engaños pasajeros para ir a lo esencial, a renunciar a todas esas pretensiones que nunca se acaban, que nuestro corazón nunca deja de tener, es insaciable el corazón a querer cosas y cosas. El Niño nos pide también abandonar insatisfacciones permanentes y la tristeza porque no tengo esto, no tengo plata, me quejo, no tengo esto, basta de esas cosas”, subrayó el obispo.
Llamó a dejarnos interpelar por el Niño del pesebre y los de hoy. “Vamos a mirarle, observarle, pero dejémonos también interpelar por los niños de hoy, por aquellos que no están recostados en una cuna ni reciben las caricias ni el afecto de una mamá, de un papá, sino que se encuentran en esos escuálidos pesebres, donde se les devora su dignidad, les juegan, les usan, les utilizan, les emplean, juegan con su dignidad, se aprovechan de esa inocencia”, destacó en su alocución sobre la situación de calle de tantos chicos expuestos a golpes y abusos.
Llamó a defender la vida, “tenemos que dejarnos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, algunos le ponen nombre a aquel niño que no nació, por los que lloran, por los que tienen hambre y nadie les sacia, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino tienen armas. El misterio de la Navidad que es luz y alegría, interpela, golpea”.
Exhortó a valorar lo verdaderamente importante. “Esta mundanidad nos secuestró la Navidad, nos arrebató la Navidad real y es necesario que la liberemos compartiendo.