Escribo estas líneas para ustedes. Para los que conducen carretas, motocarros, motos, autos, camionetas y micros como si fuera que son el centro del universo y el resto de los infortunados que se cruzan con ustedes sus enemigos.
¡Brutos!, entiéndalo de una vez: son un peligro. Decir que lo que llevan es un arma, es cierto. Pero, en verdad, llevan una responsabilidad en sus manos. Una responsabilidad que puede matar o lisiar. En síntesis, dejan víctimas.
Víctimas, el sórdido sorbo de omnipotencia que secretamente desean beber. A los hechos me remito. Lo que verdaderamente buscan son víctimas.
Para muchos de ustedes conducir un portento mecánico es una simple (y en el fondo: terriblemente patética) ley de compensación. Reconcíliense con su estima. No sometan a los demás a su miseria. Sean humildes, salven vidas. Inclusive, la de ustedes.
Aunque les parezca extraño, las reglas se inventaron no para que ellas se rindan ante su enorme personalidad de dioses pedestres. Sé que sus madres les habrán dicho que ustedes son lo mejor que vio el sol. No es tan así. Son uno más entre millones. Y las reglas inventó el hombre por puro instinto de supervivencia. Es decir, para no matarnos entre todos. Porque la vida es de todos. No solo suya, estimado fantoche.
Despabílense. Lo que llevan bajo su responsabilidad (busquen en otro lado el significado moral, ético, religioso y legal de esta palabra, ya que su simple enunciación no les conmueve) no es un centro de belleza andante para que se maquillen; no es la sala de su casa para que chateen; no es un tanque o un avión, ni una discoteca ambulante donde podés esconder la panza y otras carencias más profundas, ni una extensión de tu infantil libre albedrío. Lo que llevan es una responsabilidad.
Choferes del transporte público, no actúen como locos rencorosos. Llevan gente, no animales. Si se sienten infravalorados, lo lamento, no es culpa de los pasajeros ni de los transeúntes. El trabajo que hacen no es indecente; en todo caso, algunos de ustedes sí lo son. No les culpen a los demás de su suerte.
Pendejos, háganse cargo. Sé que en alguna película yanqui vieron que hay reglas de tránsito. No saben que acá también, porque compraron su registro de conductor con una fotocopia de cédula y le enviaron a su hermanito a retirarlo.
Respeten a los demás. Y por Dios, no tomen si van a conducir. Yo sé lo que les digo. Por suerte, no maté a nadie; no sé ustedes. Buen domingo.