06 ene. 2026

Hermandad: Candidez o provocación

Por Carolina Cuenca<br>Una de la bromas que se hacían en torno a la entonces candidatura de Fernando Lugo a la presidencia del país era que si él ganaba, en vez de correligionarios, tendríamos que llamarnos “hermanos” para estar en onda. <br>Es notable la antipatía que genera una expresión que en sí misma no es ofensiva, pero es considerada cursi y obsoleta, según una visión muy difundida hoy acerca de las relaciones sociales, según la cual, se debe aceptar como premisa que cada quien solo busca su propio interés en todo, incluso -y especialmente- en la relación con los demás. <br>Palabras como amistad, gratuidad, caridad y, por supuesto, hermandad, están pasadas de moda y, quien más quien menos, tiene reparos a la hora de usarlas para no ser tachado de cándido o, peor aún, de hipócrita.<br>Claro, en términos “políticamente correctos” nos encontramos en tiempos de lucha, crisis, revoluciones... En todo caso, ya en los últimos niveles de aspiraciones sociales, podríamos colocar como virtud factible: la solidaridad. Pero, ¿hermandad? Es solo un vocablo vacío de sermón evangelista, una pretensión de tiempos pasados... <br>Justamente, se recuerda hoy, 5 de setiembre, el Día del Hermano. Una celebración no religiosa que constituye una provocación a la mentalidad dominante y que nos hace presente la figura, aún fresca en la memoria de muchos, de la Madre Teresa de Calcuta. Aquella pequeña mujer albanesa que desafió con su experiencia en la India a esta cómoda mentalidad y rompió la indiferencia de toda una generación. <br>Pero no solo recordamos a la encorvadita monja misionera, plagada de arrugas, y vestida de sari cuyas frases interpelaban a periodistas, incomodaban a las autoridades aburguesadas y servían de inspiración a publicistas de la bondad universal. <br>Evocamos a la Madre Teresa firme, modesta pero segura, incansable, inteligente y audaz que enfrentó no solo la incomprensión primera a su misión de “servir a los más pobres entre los pobres” (sus hermanos) entre propios y extraños, soportó sospechas entre las autoridades, así como calumnias, burlas, persecuciones, sino que, además, tuvo que superar las más duras pruebas en sus periodos de “oscuridad” interior. <br>Con sus gestos, sus obras y toda su vida, la pequeña Agnes se atrevió a demostrar que la hermandad no es solo un buen deseo o un utópico moralismo, sino que se trata de un lazo de unidad existencial imprescindible y posible de vivenciar entre los seres humanos.<br>Vaya un sencillo homenaje para ella y un recordatorio en estos tiempos de malestar colectivo: “La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis sino más bien el no sentirse querido... El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad”. <br>