18 abr. 2026

Hasta que venga El Niño

Por Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py

Los pobladores de la zona ribereña afectados por la reciente crecida del río Paraguay, en Asunción, empiezan a alistar de nuevo las pertenencias para regresar a sus viviendas, a medida que va bajando el nivel de las aguas.

Volverán a los sitios donde saben por experiencia que están condenados a vivir en un permanente estado de vulnerabilidad, como consecuencia del comportamiento del río y de los cambios climáticos.

Lo harán, aun con el pronóstico de que este mismo año, en octubre, comenzará una nueva temporada de lluvias y de que se avecina el fenómeno climatológico de El Niño, que incluye tormentas severas, granizadas e inundaciones, y que se irá manifestando hasta mitad del próximo año.

Mientras estas familias damnificadas están aguardando dejar los improvisados refugios y regresar a casa, una institución como la Secretaría Nacional para la Vivienda y el Hábitat (Senavitat), que debería estar liderando programas de vivienda para reubicar a estos compatriotas en zonas seguras, hace aguas por todas partes. Estamos enterándonos con espanto cómo esta entidad pública, sencillamente, no está dando señales esperanzadoras, pese a que tiene el gran desafío de reducir un déficit histórico de aproximadamente 1.100.000 viviendas, al que todos los años hay que sumar una demanda de unas 15.000 nuevas casas.

La capacidad de respuesta de la Senavitat no venía superando las 8.000 viviendas anuales. Pero, en las actuales condiciones de la institución, no hay esperanzas de alcanzar siquiera la mitad de ese número.

Un titular de prensa nos contaba ayer que a un año del gobierno de Horacio Cartes, la Senavitat todavía está en fase de salir a flote, intentando resolver el caos que la actual administración heredó de las anteriores, durante los gobiernos de Fernando Lugo y Federico Franco.

Hallaron y siguen sin poder situar todos los proyectos de viviendas, sin terminar, que están en distintos puntos del país. Algunas casas fueron construidas en zonas anegables, lo que demuestra la dilapidación de los recursos públicos y la falta de patriotismo y sensibilidad social de quienes condujeron la entidad, y de las empresas que se prestan a edificar las casas, aun a sabiendas de que el lugar no es apropiado.

Para quienes no tienen ninguna opción para acceder a una casa, y están condenados a vivir en la precariedad de las zonas inundables, instituciones como la Senavitat no les representan nada. Menos aún en la forma en que ha sido gerenciada y continúa siéndolo.

Es de las pocas que hoy cuentan con fondos suficientes para hacer lo que tienen que hacer, y no lo están haciendo con la urgencia y la eficiencia que requiere el problema social que representa la falta de vivienda o el hacinamiento en que viven 43 de cada 100 familias.

Los damnificados volverán a sus precarias viviendas, hasta que aparezca El Niño. Entonces se verán obligados a repetir la triste escena de abandonar sus hogares. Una vez más tendrán que aguardar que alguna vez funcionen instituciones como la Senavitat para obtener una solución definitiva al drama que cíclicamente les toca vivir.