04 jun. 2026

Hace 80 años, las armas callaron sus estruendos de muerte en el Chaco

Tras la firma del Protocolo de Paz, el 12 de junio de 1935, el combate siguió por 48 horas. La Guerra del Chaco dejó 90.000 muertos. Hoy quedan cerca de 518 excombatientes en el final de sus vidas.

Por Andrés Colmán Gutiérrez

@andrescolman

“Al mediodía llega al frente la noticia. Callan los cañones. Se incorporan los soldados, muy de a poco, y van emergiendo de las trincheras. Los haraposos fantasmas, ciegos de sol, caminan a los tumbos por campos de nadie, hasta que quedan frente a frente el regimiento Santa Cruz, de Bolivia, y el regimiento de Toledo, del Paraguay: los restos, los jirones...”.

Así relata, con mucho dramatismo literario, el recientemente fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano, el momento en que finalizó el combate entre los ejércitos de Paraguay y de Bolivia, luego de tres años de la Guerra del Chaco, al mediodía del 14 de junio de 1935, en un desolado camino entre Villamontes a Boyuibe.

“Las órdenes recién recibidas prohíben hablar con quien era enemigo hasta hace un rato. Solo está permitida la venia militar; y así se saludan. Pero alguien lanza el primer alarido y ya no hay quien pare la algarabía. Los soldados rompen la formación, arrojan las gorras y las armas al aire y corren en tropel, los paraguayos hacia los bolivianos, los bolivianos hacia los paraguayos, bien abiertos los brazos, gritando, cantando, llorando, y abrazándose ruedan por la arena caliente...”.

La descripción de Galeano, en su obra Memoria del fuego, se basa en los testimonios de un autor boliviano Roberto Querejatzu Calvo (Masamaclay. Historia política, diplomática y militar de la Guerra del Chaco) y del propio presidente de la época, Daniel Salamanca, (Documentos para una historia de la Guerra del Chaco), que coinciden con el relato que también hacen los excombatientes paraguayos.

BATALLA. Llegar al histórico Día de la Paz del Chaco –que se recuerda cada 12 de junio– supuso una ardua batalla diplomática, que se libró en forma paralela al combate por las armas.

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Tras un largo conflicto por los límites de territorios entre Paraguay y Bolivia, principalmente sobre el dominio de la árida región del Chaco Boreal, la guerra había estallado tras una serie de incidentes entre tropas bolivianas y paraguayas, como la del Fortín Sorpresa, en febrero de 1927, donde perdió la vida el teniente paraguayo Adolfo Rojas Silva.

La contienda se libró desde el 9 de setiembre de 1932 hasta el 14 de junio de 1935. Bolivia movilizó a unos 250.000 soldados y Paraguay como a 120.000. Los enfrentamientos dejaron cerca de 60.000 muertos en filas bolivianas y 30.000 en las filas paraguayas, además de gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos.

“Los dos pueblos más pobres de América del Sur, los que no tienen mar, los más vencidos y despojados, se aniquilan mutuamente por un pedazo de mapa”, retrata Eduardo Galeano.

El célebre historiador Eric Hobsbawn sostiene que la guerra entre Paraguay y Bolivia fue “un epílogo de la primera Guerra Mundial” y se refiere a ella como “una de las más sangrientas del siglo XX”.

LA PAZ. “Buenos Aires, 12. A las doce horas treinta y tres minutos, hora local, se ha firmado el Protocolo que provisionalmente da fin a la Guerra del Chaco” publicaba un despacho del diario La Vanguardia, de Barcelona, España, el 13 de junio de 1935.

“El documento firmado, que tiene valor de armisticio, dice que las dos naciones firmantes, Paraguay y Bolivia, se comprometen a hacer cesar todas las hostilidades en el término de cuarenta y ocho horas después de la firma, es decir, el viernes al mediodía. La noticia de haberse firmado el Protocolo ha causado en Buenos Aires gran satisfacción”, añadía el corresponsal desde Argentina.

El acuerdo se firmó tras una conferencia de cancilleres que duró varios días, convocada por el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas, con la participación protagónica del canciller paraguayo Luis Riart y el boliviano Tomás Manuel Elio, acompañados por el canciller brasileño José De Macedo Soares. La firma del Protocolo de Paz se hizo con participación del presidente argentino Agustín P. Justo, en el salón blanco de la residencia presidencial bonaerense.

“Se firmó la paz” fue el destacado título del diario paraguayo El Orden, en su edición del 12 de junio. “Según las últimas informaciones, el viernes (14) deberán cesar las hostilidades en todo el Chaco Boreal”, añadía.

La noticia provocó celebraciones de júbilo en Asunción y en La Paz, así como en otros pueblos y ciudades del Paraguay y Bolivia.

EL ABRAZO. Poco antes del mediodía, en las trincheras cercanas a Villamonte hubo en fuerte estruendo de tiroteos de fusiles y cañonazos al aire, desde el frente boliviano.

Varios soldados paraguayos relatan que permanecieron ocultos, pegados a la tierra, tratando de que no les alcance ningún proyectil, esperando que llegue la hora señalada.

Al mediodía cesó el fuego y se impuso un silencio sepulcral, en medio de una picante nube de pólvora y humo, seguido por algunos gritos.

“Subimos encima de la trinchera nosotros y ellos también (los bolivianos), y después de un momento de pausa, de un momento angustioso sin saber qué hacer, empezamos a caminar hacia la ‘tierra de nadie’ y ellos hacia nosotros”, recuerda en un relato oral el excombatiente Heriberto Giménez.

La posición paraguaya distaba a unos 500 metros de la posición boliviana. “Cuando en el campo de nadie nos encontramos frente a frente con el enemigo, con el que luchamos tres años y con el que nos matamos, ahí, en ese momento, después de esa lucha tremenda de los tres años, se nos ocurrió y nos abrazamos con los enemigos”, rememora el excombatiente.

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EL FINAL. Actualmente, de los cerca de 90.000 combatientes que sobrevivieron a la contienda, ya solo quedan vivos unos 518 chacoré. Son los últimos guerreros, la mayoría ya en el ocaso de sus vidas, con edades que sobrepasan los 90 y los 100 años. Se trata de la remesa de los más jóvenes que acudieron a la guerra, cuando tenían edades aún de niños o adolescentes.

“Uno va a la guerra para matar o morir, pero lo mejor de todo es vivir”, dice Romualdo González de 101 años de edad, uno de los últimos excombatientes del Chaco, residente en Mayor Martínez, Ñeembucú. Poco a poco, la tierra por la que pelearon, los va acogiendo en su seno.