Correo Semanal

Guillermo Arriaga, ganador

 

Gustavo Borges

El mexicano Guillermo Arriaga, ganador este viernes del premio Alfaguara de novela, es un contador de historias obsesionado con la forma de decir de sus personajes, que cuando hablan provocan imágenes casi cinematográficas en el lector.

Aunque repite en sus entrevistas que su oficio de cineasta no influye en sus novelas, sino al revés, Salvar el fuego, la obra premiada este día, confirma la habilidad del escritor para subyugar a los lectores con diálogos como los que cualquier hijo de vecino puede escuchar en un barrio marginal de Ciudad de México, o en las ciudades fronterizas con Estados Unidos.

Después de El Salvaje, obra que conmocionó a la literatura hispana por el humanismo de los personajes y la capacidad del autor para combinar historias, Arriaga se apareció ahora con propuesta que combina realidades de la vida sofisticada con la marginal mientras desvela al México doloroso de hoy.

“Es una novela que narra con intensidad y dinamismo una historia de violencia en México contemporáneo, donde el amor y la redención aún son posibles. El autor se sirve tanto de una extraordinaria fuerza visual como de la recreación y reinvención del lenguaje coloquial para lograr una obra de inquietante verosimilitud”, dijo el escritor Juan Villoro, presidente del jurado el premio.

En Salvar el fuego Arriaga maneja varios planos narrativos y los teje de manera magistral para subyugar al lector como hizo en su anterior novela, ganadora del premio Mazatlán 2017.

Novelista, escritor de cuentos, productor y director de cine, Arriaga, de 61 años, es un hombre honesto, que confiesa en las entrevistas su desinterés por la fama y su amor por México, su país, que conoce mejor por su relación con la gente de abajo.

“Soy un obsesionado por mi país, con un amor profundo que se traduce en contar sus contradicciones y sus problemas”, reveló este viernes a los medios luego de convertirse en el cuarto mexicano ganador del Alfaguara después de Elena Poniatowska (2001), Xavier Velasco (2003) y Jorge Volpi (2018).


Premio Alfaguara

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