Por Miriam Morán - mmoran@uhora.com.py
El hombre, una vez más, escupió su veneno. Salpicó y embarró a un montón de gente, o al menos lo intentó, porque dicen que no ofende quien quiere, sino quien puede. Aunque esta vez el titular del Decano fue un poco más lejos: amenazó con meterle balas al representante de un jugador.
Hasta es probable que tenga razón en algún reclamo, pero es tan difícil encontrar razones en expresiones expuestas con tanta irracionalidad.
Se va de lenguas. Actúa como si fuera el juez supremo. Sus palabras ofenden, mancillan, injurian, calumnian, difaman. Borbotan de sus labios para convertirse en manifestaciones delictivas, de discriminación, de racismo.
Pero él sigue profiriendo improperios. Nadie le para el carro.
“Olimpia no descansará hasta que estas dos ratas (Juan Ángel Napout y Ale Domínguez) estén fuera de la Asociación Paraguaya de Fútbol”, espetó un desencajado Marcelo Recanate.
“Regis putito Marques, basura de persona, mierda de persona. Brasilerito puto, pasás esta puerta y te vamos a meter bala”, amenazó arrogante.
“No va a jugar (Maxi Biancucchi) hasta el 31 de diciembre, argentino enano, negro irrespetuoso”. Mira quién habla de irrespeto.
¿Qué pasaría si un barrabrava, alentado por estas palabras, reacciona conforme a tan agresivas declaraciones? ¿A quién habría que responsabilizar por un hecho así?
Un verdadero líder mide sus expresiones, controla sus actos y actúa con decencia, con respeto a la dignidad humana.
No hay derecho a reclamar en los términos en que Recanate lo hace. No puede hacer gala de tanta prepotencia sin que haya una consecuencia ejemplificadora.
Los olimpistas no podemos aceptar que el presidente del club campeón del mundo, con tantas glorias, se comporte de esta manera.
No podemos tolerar tanto desatino. No podemos admitir que siga agraviando con tanta libertad. Olimpia no se merece esto. Son goles en contra para la Franja.
Al comportarse de este modo, no defiende los intereses del club. Defiende un modelo autoritario, que ya no debería tener cabida en este país.
Por el bien de los olimpistas y de todos los ciudadanos tiene que ponerle freno a su boca.
Me parece que es bueno recordarle que uno es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio. Por eso, mientras siga representando a Olimpia: ¡Recallate, por favor!