30 abr. 2026

Galeano y América

Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

La primera filosofía griega, aquella emprendida por cosmólogos como Anaximandro o Empédocles, afirmaba que a la injusticia del universo se impone siempre otra fuerza igual y contraria, la justicia, que devolvía todo al equilibrio que por naturaleza deben tender las cosas. Esta línea de pensamiento sigue viva.

Sin embargo, en el universo donde los hombres se mueven siempre, la injusticia reinó. Pero esta es muy distinta a la que aquella filosofía natural postulaba. La injusticia humana es producto de acciones humanas, no de una ley natural inexorable. Por ende, la injusticia social puede revertirse con acciones humanas.

En nuestro tiempo ya comprendemos bien esta distinción entre ley natural y ley humana. Pero entre los hombres están aquellos que quieren mantener, por conveniencia, la desigualdad social como si fuera una situación que, por naturaleza, no puede ser pasible de intervención humana. Afirman, falazmente, que las diferencias sociales son en realidad efecto de la naturaleza y, por lo tanto, es inútil querer ir contra esto. Sin embargo, existen otras clases de personas que no creen esto. Para ellos la igualdad entre los hombres es alcanzable y para eso hay que denunciarla y luchar por ella.

A este último grupo pertenecía Eduardo Galeano. Hombre imprescindible en América, donde históricamente la injusticia se ha naturalizado a fuerza de un discurso conservador que, en el fondo, quiere ocultar y desviarnos la mirada. Hombre necesario para mantenernos despiertos y no cejar en la lucha.

Quizá en otro lugar del mundo, y en otra época, los escritos de Galeano no hubieran hecho falta. Pero aquí y ahora, en esta América donde el sufrimiento de millones es lo cotidiano, sus palabras escritas nos mantuvieron, y mantendrán, alertas.

Y Galeano emprendió esta tarea sin cansancio, eligiendo la fuerza de su escritura como vehículo para movilizarnos. Puede no gustar su estilo literario, pero eso ya es un efecto meramente estético, a veces usado en su contra porque en realidad lo que no gustaba era lo que decía, no cómo lo decía. Bien para aquellos que gustaban de ambas cosas, de su lucha social y de bella manera de hacerlo, escribiendo.

Galeano se ha ido, pero sus libros quedarán resonando en la conciencia de lectores actuales y futuros. Para recordarnos que otra América es posible, porque es inaceptable la desigualdad que nos ahoga, para despertar la conciencia y animarnos a seguir en la lucha.