19 feb. 2026

Frei Otto o el arte de la liviandad arquitectónica

Berlín, 11 mar (EFE).- El arquitecto alemán Frei Otto, a quien se le acaba de conceder póstumamente el Premio Pritzker, es uno de los máximos exponentes de un estilo que se oponía a las construcciones monumentales de los nazis a través de una deliberada liviandad y de algo que podría definirse como anarquía poética.

Fotografía de archivo del 25 de mayo de 2005 del arquitecto alemán Frei Otto en Múnich (Alemania). Frei Otto murió a los 89 años de edad este martes 10 de marzo de 2015. Otto creó la carpa-techo, hito del estadio olímpico de Múnich para los Juegos Olímpic

Fotografía de archivo del 25 de mayo de 2005 del arquitecto alemán Frei Otto en Múnich (Alemania). Frei Otto murió a los 89 años de edad este martes 10 de marzo de 2015. Otto creó la carpa-techo, hito del estadio olímpico de Múnich para los Juegos Olímpic

La obra más conocida de Otto es tal vez el techo del Estadio Olímpico de Múnich, pero también tiene otras construcciones emblemáticas como el pabellón japonés de la exposición universal de Hannover en 2000 o el techo en forma de tela de araña del pabellón alemán en Montreal en 1967.

Su nombre de pila, Frei, significa libre en alemán y se dice que fue elegido conscientemente por la madre del arquitecto, nacido en 1925, ocho años antes de que los nazis llegasen al poder.

El padre de Otto era escultor, mientras que uno de sus maestros fue Mies van der Rohe (1886-1969), uno de los iconos de la escuela Bauhaus, perseguida por los nazis.

Otto se interesó muy pronto por la aerodinámica y la construcción de aviones, de ahí pasó a ocuparse de las características de las membranas elásticas y todas esas experiencias lo ayudaron a llegar a sus llamadas “construcciones naturales”.

Sus construcciones lúdicas en los primeros años de la postguerra, en los que las ciudades destruidas parecían pedir a gritos una arquitectura funcional, eran algo así como una invitación a soñar en medio del apocalipsis.

Tras tener varios años en Berlín una oficina de arquitectos, Frei Otto se trasladó en los años sesenta a la Universidad de Stuttgart que había creado especialmente para él un “Instituto de Construcciones Ligeras”, donde tuvo plena libertad para experimentar.

En cierta medida, Frei Otto pertenecía aquellos que lograban combinar la arquitectura con la utopía y en su trabajo se mezclan tanto obras terminadas como proyectos futuristas que solo existen en maquetas.

Entre estos últimos hay un modelo de una ciudad protegida del sol en medio del desierto y otra, aislada del frío, en el ártico.

El techo del Estadio Olímpico de Berlín, lleno de filigranas lo mismo que otros techos del parque olímpico, fue algo que inicialmente muchos pensaron que iba a ser imposible de construir.

El modelo original había sido presentado al concurso del parque olímpico por la oficina de arquitectos de Günter Behnisch y había sido elaborado por uno de sus socios, Fritz Auer, a partir de medias de nylon de su mujer.

La idea del modelo era mostrar la nueva liviandad alemana, que debía reflejarse en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y que debían ser un contraste claro frente a la monumentalidad de los de Berlín en 1936.

Pero los autores del modelo -que tenía mucho que ver con el techo en forma de tela de araña de la exposición universal de Montreal- no sabían como podía construirse algo así y, cuando sorpresivamente ganaron el concurso, le pidieron ayuda a Otto que logró una solución que hizo posible lo que parecía una utopía irrealizable.

“Utopía” era el nombre que le daba Otto a un garaje en donde acumulaba innumerables proyectos. Su idea era construir el mundo como debía ser, aunque esto pareciera imposible. Eso hacía que gran parte de trabajo fuera dedicado a la experimentación.

Poco antes de su muerte el propio Otto dijo al diario Süddeutsche Zeitung que en el fondo había construido poco en su vida y que lo que había hecho eran ante todos castillos de aires. Pero eso no le dolía, sentía que con su búsqueda había contribuido a hacer el mundo un lugar un poco más amable.

Otto murió el lunes pasado por lo que se anticipó en dos semanas el anunció del Premio Pritzker. La decisión se había tomado a comienzos del año y le fue comunicada al arquitecto.

“Ganar premios no es la meta de mi vida, trato de ayudar a la gente pobre. Pero, ¿qué quieren que diga? Estoy feliz”, dijo en aquel momento.

“Arquitecto, visionario, utopista”, llama a Otto el jurado del Premio Ptritzker. Su obra ha influenciado a numerosos arquitectos de todo el mundo que durante treinta años peregrinaron hasta Stuttgart para oír sus conferencias.

Rodrigo Zuleta

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