Por Óscar Bogado
ENCARNACIÓN
En un operativo, unos 30 efectivos policiales procedieron a quemar 3 casas y una iglesia del asentamiento indígena en la compañía Mandijú, Pirapó, en el Departamento de Itapúa.
El objetivo era desalojar a los indígenas de las tierras donde viven hace más de 50 años. Pero, después de ver la desesperación y el llanto de mujeres y niños, los intervinientes desistieron de la acción.
En el informe oficial, la Policía Nacional dijo que no se registraron incidentes. Sin embargo, niños y mujeres fueron maltratados durante el violento procedimiento del que fueron víctimas.
El hecho se produjo en el asentamiento indígena de la etnia Mbya Guaraní, en la compañía Mandijú, distrito de Pirapó, distante a unos 90 kilómetros de Encarnación.
Según los aborígenes, los uniformados, en compañía del fiscal Eustasio Hermosilla, de Encarnación, llegaron de forma sorpresiva al lugar. Luego, sin mediar palabras, el agente fiscal ordenó la destrucción de las precarias casas instaladas en el terreno.
Los policías quemaron en su totalidad dos viviendas, una de ellas era la iglesia de los nativos. Otras casas fueron cortadas con motosierras, pero gracias a la reacción de los nativos no pudieron destruirse en su totalidad.
El asentamiento de los Mbya Guaraní se encuentra en un inmueble de unas 120 hectáreas, desde hace ya 50 años. Los ancestros de los pobladores cedieron las tierras para que sigan en el lugar. En esta comunidad viven más de 30 familias, en total son unas 150 personas. Los intervinientes llegaron al lugar supuestamente por una denuncia para verificar una ocupación irregular de unas tierras, propiedad de Felipa Nery de Kikuchi, domiciliada en el kilómetro 13, del distrito de Pirapó.
VÍCTIMAS. Después del intento de desalojo, los líderes de la comunidad se trasladaron hasta Alto Verá, para decidir qué acciones tomar.
Mientras tanto, las mujeres y los niños intentaban recuperarse del duro golpe que casi los dejó en la calle.
Cuando ÚH llegó al lugar fue recibido con cierto temor y si no fuese por el logotipo en el móvil, los nativos iban a correr hacia el bosque.
Después contaron que es una lucha constante y que hasta hubo personas que los quisieron matar con veneno. Es casi frecuente que desconocidos echen a un costado de la ruta comida, naranja y otros alimentos rociados con veneno, para que los indígenas lo puedan consumir y morir.
En el último suceso, naranjas envenenadas fueron consumidas por los indígenas y 13 tuvieron que ser internadas para salvar sus vidas. “Echaron y quemaron nuestras casas, todos eran policías y eran muchos. Hasta a nuestro lugar sagrado le prendieron fuego, ahora quedaron solo cenizas. Hace mucho estamos acá, los abuelos que ya fallecieron nacieron en este lugar”, manifestó Lorenza González Escobar, una de las pobladoras indígenas.
Sobre la asistencia que le brinda el Gobierno, la mujer dijo que casi no reciben apoyo, “nos solventamos de nuestros productos. Cuando llegan los aportes, es muy poco y no alcanza”, dijo.
DEMANDA
La propiedad aparece a nombre de Felipa Nery de Kikuchi quien denunció a los indígenas sobre invasión ante la fiscalía de Eustasio Hermosilla. La carpeta fiscal está caratulada “Pablino Reyes y otros sobre supuesto hecho punible de invasión de inmueble ajeno”, ocurrido en Pirapó. Según los indígenas, estas personas les hostigan hace tiempo.