15 abr. 2026

FIFA, ¿justicia o exceso?

Por Guido Rodríguez Alcalá

¿Puede convertirse el FBI en policía del mundo? Esta es la pregunta que surge a causa de su actuación en el affaire de la FIFA.

Algunos dicen que sí, porque la corrupción debe combatirse en todo el mundo.

Otros dicen que no, suponiendo que el motivo de la investigación es la frustración yanqui por no ser la sede del Mundial 2022, que se concedió a Qatar.

Al margen de esa suposición, está el hecho de que el FBI no ha tenido una trayectoria muy transparente, desde sus recientes escuchas telefónicas, hasta sus comienzos bajo la dirección de J. Edgar Hoover, quien estuvo 48 años al frente de la entidad.

Hoover detestaba a los comunistas y los homosexuales, y se dedicaba a investigar la orientación política y sexual de las personas, siendo él mismo gay. (La película J. Edgar, con Leonardo DiCaprio, toca este tema).

Por otra parte, si la corrupción debe investigarse en todo el mundo, ¿por qué el FBI no hace más en su país?

Me refiero a la corrupción de las grandes entidades financieras, mucho más peligrosas que la FIFA.

Esas, con sus manipulaciones, provocaron la crisis financiera de 2008, donde no corrieron millones, sino billones de dólares (un billón: un millón de millones).

Sin embargo, ninguno de los banqueros delincuentes fue preso.

El argumento fue que esos bancos son demasiado grandes; si quiebran, se funde la economía.

De acuerdo, pero una cosa es salvar de la quiebra a un banco, y otra es salvar de la cárcel a un banquero delincuente. Protegiendo a los grandes bancos se llega a proteger a sus directivos, y se viola el principio de la igualdad ante la ley: a partir de cierta cantidad de dinero, uno ya no se va preso.

Suena mal pero es así, lo admitió el fiscal general Eric Holder: ciertos bancos son demasiado grandes para iniciarles una demanda (artículo de Mark Gongloff en Huffington Post, 12/6/13).

Entre los grandes debió de figurar el Wachovia, que para 2010 había transferido en forma irregular 10.000 mil millones de dólares en efectivo (parte de una cantidad mayor transferida en cheques de viajero y otros medios).

Las operaciones se hicieron a través de casas de cambio situadas en México, que manejaban dinero del cártel de Sinaloa, la temible organización delictiva.

Hubo multas y obligación de entregar parte del dinero negro, pero ningún proceso criminal ni apresamiento.

Algo similar sucedió con el banco HSBC, también comprometido con el dinero de la droga (artículo de Ed Wulliamy en el Guardian, 21/7/12).

Hay una justicia para los grandes y otra para los chicos.

Sobre lo que hacen los grandes con sus paraísos fiscales, es muy instructivo el libro de Nicholas Shaxson, Las islas del tesoro, vendido en Asunción. Por ser parte de ese sistema de justicia diferenciada, puede cuestionarse la competencia extraterritorial del FBI.

No es cuestión de que ahora se lleve a quienquiera de algún país del mundo, sino de que se acepte como algo natural que el FBI pueda intervenir en cualquier país del mundo.

Todavía existe, o debe existir, la soberanía nacional.