Por Miguel H. López
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El tema no es nuevo, pero se torna preocupante. El vicepresidente, con antojo -ansia, deseo, desesperación- de presidente está pasando la raya y crispando los límites de la legalidad y el equilibrio de un poder que, con Fernando Lugo a la cabeza, aún no encuentra su punto de calma y menos de equilibrio.
Antes de que la victoria de la Alianza cuajara empezó su desesperada carrera.
Diez días después del 20 de abril, sorprendió hasta a Lugo con un viaje al Brasil. Allá se reunió con el vicepresidente José Alencar; el canciller Celso Amorim y el segundo vicepresidente del Senado, Álvaro Diassu. ¿Quién era Franco para hacer eso? ¿Esa tarea delicada no corresponde al mandatario? ¿Qué pasó realmente en Brasilia?
Después vinieron los nombramientos en el gabinete y puestos de confianza del nuevo gobierno, sin él. Bufó y chilló por cuanta prensa se hizo eco de su estéril reclamo.
Su actitud transmitía el deseo de igualarse en jerarquía, facultad y poder con el presidente de la República.
Comenzó a distanciarse de Lugo. El tono de su discurso fue cambiando y hasta sus correligionarios liberales se dieron cuenta.
Entonces manipuló a su partido y emitió su propio comunicado como Directorio -apresurado, repudiado y criticado por su propia gente- a favor de terratenientes y en contra de los campesinos. Entonces el presidente demarcó una línea que fue creciendo: Él “defiende la propiedad privada (...), yo defiendo a la otra parte”. Lugo no ocultaba su enojo. La relación se fue espesando.
Seis días después de asumir el poder, el 15 de agosto, Federico volvió al ataque. Gritó a los cuatro vientos su molestia por la creación de un equipo político en el que no había sido incluido. “De todos modos, seguiré apoyando al gobierno” (¿?) sentenció airado, dejando claramente establecido que él no se sentía parte de ese gobierno sino del suyo, el que pretende o desea constituir.
Aquel trago fue en extremo sofocante e intensificó su ?reinado? paralelo. Empezó a ejecutar agenda de visitas al interior, atenciones a otros sectores, etc. El gesto, aunque justificable, explicable, observable, se contraponía al del mandatario y su función constitucional.
Pero él también quería fungir de presidente y creó corifeos y ?su? propio pueblo. De palabra dijo en más de una ocasión que debía resignarse a ser el número Dos, pero en la práctica disputa con el número Uno cuyas decisiones pretende interferir.
No son ya desconocidas sus actitudes y conversaciones (repetidas por propios y extraños cercanos o casuales a su poder) cuando interina en ausencia de Lugo.
Hace cinco días nuevamente viajó al exterior, aun contradiciendo el pedido del presidente de la República. En Buenos Aires se entrevistó con el vicepresidente argentino, Julio Cobos, quien también está enfrentado con su número Uno, la presidenta Cristina Kirchner; y prefirió reunirse con políticos colorados, oviedistas y stronistas desairando a los de la Alianza que lo llevaron al poder.
¿Qué pasa por la cabeza del vicepresidente? Aunque en teoría haya miles de explicaciones, lo que va quedando claro es que prematuramente comenzó su campaña hacia la presidencia para el 2013, si no logra llegar antes a través de alguna maniobra legal o inconstitucional...