Por Clara Gómez Alvarenga
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Familias enteras se dedican a extraer con palas, de las enormes montañas de desperdicios, el hierro que la empresa desecha pero que a ellas les permite ganar un poco de dinero para que el puchero no falte en la casa.
Uno de los tantos grupos que viven de esta labor peligrosa e insalubre es la familia Caballero, que rutinariamente a tempranas horas de la mañana prepara las herramientas y se pone en marcha para una larga y rígida tarea.
Todos se ponen a trabajar para quitar unos kilos de hierro para luego venderlos a empresas privadas, a 280 guaraníes por kilo, juntando a diario un promedio de 50 mil a 100 mil guaraníes, en el mejor de los casos.
Pero no siempre es así. “Ayer (por el martes) no quitamos casi nada”, lamenta María Cuenca de Caballero.
Su hija Laura comentó que es cierto que el trabajo es duro, pero que ella se siente bien haciéndolo porque gracias a ese esfuerzo pudo comprarse los útiles escolares para el año lectivo.
“Gracias a este trabajo que hacemos con mis hermanitos, en vez de jugar con los niños de nuestra edad, podemos comprar para nuestra ropa, zapatillas y hace poco compramos los útiles para la escuela”, relató la pequeña niña.
Sin embargo, no todas las historias acontecen de esa manera. Hasta el momento tres personas ya murieron ahogadas mientras transportaban chatarra sobre la canoa hasta tierra firme, en tanto otros, como Javier Chávez, terminaron paralíticos a raíz de la caída de enormes hierros sobre sus cuerpos.
CONFLICTO TERRITORIAL. Los recicladores solicitan desde el año pasado a Acepar el permiso para ingresar unos metros hacia el fondo del “Patio Tres”, donde hay más hierro, pero las negociaciones hasta hoy día no les dan el resultado que quieren.
Prueba de ello es el enfrentamiento registrado el jueves último entre los chatarreros y los guardias de seguridad de la empresa, el cual dejó un saldo de dos heridos.