La decisión gubernamental de una política fiscal más expansiva permite suponer el crecimiento del gasto público. Sin embargo, dada su participación total en la economía (menos de 7%) ese desempeño reduce la capacidad de influir en el resultado de la economía en su conjunto. A pesar de haber empezado con programas necesarios de asistencia a sectores más carenciados, es muy posible que la cobertura aún no sea la adecuada, aunque permitiría que la pobreza, ante este escenario, no sea profundizada. De todos modos, la eventual expansión fiscal dependerá de la capacidad de gestión de los proyectos y del financiamiento tanto externo como interno.
Para 2010, las expectativas son diferentes al 2009. La recomposición de los márgenes agrícolas y su efecto sobre los sectores vinculados, la estabilización de la demanda externa por productos nacionales, un tipo de cambio real más competitivo, y una eventual recuperación de la confianza de consumidores y empresarios, hacen esperar un 2010 más dinámico. Sin embargo, en un escenario pesimista la continuidad de las inestabilidades de la economía externa y la profundización del ambiente político (relacionamiento Ejecutivo-Congreso) no permitirían una rápida recuperación de la confianza del ambiente de negocios.
De todos modos, mientras eso, sería importante que las autoridades económicas empiecen a generar una mayor apertura al diálogo con los agentes económicos y referentes del área y no impulsar confrontaciones estériles que empantanan aún más el sombrío panorama. Las reacciones tardías y poco eficaces de la política económica no evitaron las proyecciones iniciales que se empeñaron en desacreditar.
El análisis constituye una elaboración propia, en base al modelo de proyección sectorial, de acuerdo con los responsables.