Su reflexión es a propósito de las críticas y visiones que la senadora colorada Lilian Samaniego, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores, sostiene para reclamar a la Cancillería ajustarse a la política de austeridad adoptada por el Poder Ejecutivo.
Según la legisladora, el costo operativo promedio de cada oficina consular, que se calcula en 55.000 dólares mensuales, no se compadece con la recaudación deficitaria del 95% de los 68 consulados paraguayos. También cuestiona que en países como la Argentina existan 13 consulados, algunos muy próximos unos de otros.
“Noto que se está analizando la diplomacia, que incluye el ejercicio de la función consular, con una teoría mercantil o de tendero, es como considerar a la diplomacia como mero auxiliar del comercio pacífico, y eso no puede ser”, expresó el catedrático.
La función diplomática no es de industria o comercio. “No se puede someter bajo ese concepto lo que debe hacer un embajador o un cónsul”, insiste el diplomático.
Agrega que la función de un embajador es política, “así lo definen las convenciones internacionales, entre ellas, las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Sobre Relaciones Consulares”.
El profesor también cuestiona que se comparen los haberes que percibe un embajador con el salario de un presidente de la República. El primero está supeditado al costo de vida del país de destino. En el servicio exterior tampoco puede hablarse en términos de cuánto le cuesta al Estado mantener una misión en el exterior, sino los resultados de su gestión. Esto se sustenta en la inteligencia, relaciones, habilidades negociadoras y profesionalismo de los funcionarios del servicio exterior. También afirma que los tributos consulares están desapareciendo en el mundo y que los consulados no son órganos recaudadores, sino de apoyo y servicio a los conciudadanos.