La versión oficial de la dictadura fue que hubo una conspiración para derrocar al gobierno y asesinar a varios funcionarios públicos. Supuestamente, el principal conspirador fue el capitán Ortigoza, con el apoyo de Epifanio Méndez Fleitas y Carlos Pastore, entre otros.
Este dato, que figura en el Archivo del Terror, dice que el cadete Benítez fue muerto por Ortigoza, para ocultar el complot, junto con otras dos personas, Domingo Regalado Brítez y Escolástico Ovando. Hubo propaganda oficial para hacer creer esta versión, con lo que condenaron a Ortigoza (fallecido en enero del 2006), quien pasó más de 25 años preso. En una entrevista hecha a Ortigoza por el diario colega ABC Color, señalaba que era inocente, y que tenía datos de que Benítez murió por una sobredosis de drogas.
OTRA VERSIÓN. No obstante, otros señalan que supuestamente Benítez iba a entregar una carta encomendado por un superior, pero fue interceptado por una patrulla militar. La misiva tenía instrucciones sobre el complot.
Esta versión apunta a que el cadete fue muerto en torturas. Ya fallecido, fue maniatado y arrastrado hasta el yuyal de Villa Guaraní, donde trataron de hacer parecer un suicidio. Lo dejaron colgado de la corbata por un árbol.
El cadáver fue hallado en pleno Día de la Virgen de Caacupé de 1962. En el sitio, hoy propiedad de la familia Benítez, se erigió un oratorio, ya que brotó un manantial en las cercanías, que es muy visitado.