11 abr. 2026

¿Es tóxico el azúcar?

Por Guido Rodríguez Alcalá

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Esta es la pregunta formulada por un artículo del New York Times (Is Sugar Toxic?, 30/4/11), sobre la base de las investigaciones de Robert Lustig, un profesor de la Universidad de California dedicado al estudio de los desórdenes hormonales de los niños.

Según Lustig, el azúcar es un tóxico y debe ser incluido, con el tabaco y el alcohol, entre las sustancias que dañan la salud. Hay controversia sobre el punto, pero no sobre las consecuencias negativas del exceso de azúcar en nuestra dieta, responsable de la epidemia de obesidad en el siglo XXI.

Esa es la razón por la que David Cameron, el primer ministro inglés, ha promovido el impuesto al azúcar –Sugar Tax en inglés–, que aplica un mayor gravamen a los productos edulcorados. Es lo que propone la ley sobre la alimentación escolar, presentada al Congreso paraguayo, y que ha sido tratada de discriminatoria por los fabricantes de comidas y bebidas azucaradas. Desde luego, la ley discrimina, como discriminan las leyes de otros países, que se proponen desalentar los productos que hacen mal a la salud. La Sugar Tax inglesa es nueva; en Noruega, una disposición similar se aplica desde hace años.

Los enemigos de nuestra ley dijeron: el Ministerio de Salud no puede hacer una lista de comidas y bebidas saludables. ¡Claro que puede! Lo hace el Ministerio de Salud del Uruguay, según el artículo 3 de la Ley 19140, sobre la alimentación saludable en los centros de enseñanza, disponible en internet. También debe de estar en internet la legislación noruega, pero el idioma de esa gente es muy difícil, quedémonos con el castellano.

Un país donde se gravó en forma discriminatoria las bebidas azucaradas es México (a partir de 2013), para combatir la epidemia de obesidad provocada por las comidas y bebidas no saludables. ¿Resultado? Que el consumo de bebidas azucaradas (las que aquí llamamos gaseosas), disminuyó un 17% en las personas de menores recursos, las más expuestas a las consecuencias negativas de la mala comida y bebida. La iniciativa correspondió al presidente Enrique Peña Nieto, que debió soportar las arremetidas de los fabricantes y vendedores de esos productos. Le objetaron que la ley era imposible de cumplir, que perjudicaba a los trabajadores honestos y, sobre todo, que era una idea de Michael Bloomberg, el satanás norteamericano.

Satanás no, pero sí Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York, que tomó medidas eficaces para limitar el consumo de azúcar y de tabaco, y que asesora a los grupos e instituciones que quieren mejorar la salud de la población. Una de sus medidas fue que las botellas de las gaseosas vendidas en Nueva York no pudieran tener más de 0,4 litros, y resultó muy bien. Aquí se venden botellas de 2,5 litros, y así nos va.