Pero aún hay algunos valientes. No son fáciles de reconocerlos porque trabajan callados para no llamar la atención, si lo hicieran serían blanco fácil para recibir riesgosas consecuencias de a quienes pretenden molestar, con sus notables actos de honestidad y destellos de esperanza de un país mejor. No están alineados con una profesión ni en un sector en particular. Al contrario, andan dispersos y discretos entre funcionarios públicos, empresarios, políticos y en la sociedad civil.
De modo que, cuando una luz se enciende y trasciende como noticia propositiva, quiénes nos sentimos identificados con la necesidad de generar cambios positivos, deberíamos levantarnos a reconocerlos y apoyarlos para llevar la antorcha hasta alcanzar la meta. Así también, deberíamos defenderlos a capa y espada, pues en sus proyectos y acciones llevan la ilusión del país que nos merecemos vivir.
Las buenas personas somos más, pero nos callamos, nos ocultamos, no sabemos organizarnos, no tenemos una estrategia para vencer a la corrupción y a la impunidad. Nos gana la indecencia porque no tenemos tiempo, no tenemos dinero, no sabemos qué podemos hacer, o simplemente ya no tenemos ganas de seguir luchando cada vez que hacemos un trámite. Aunque nos resistamos a pagar coimas, algunos terminan cediendo porque de lo contrario no contarían nunca con la licencia, autorización o permiso que se precisa para trabajar o estudiar.
La corrupción prácticamente está instalada en cada paso, proceso y trámite, disfrazada como la forma de lograr agilidad, rapidez y eficiencia entre las audaces trampas preparadas de antemano y con total conciencia.
Pero en esos destellos que iluminan de vez en cuando el negro panorama, aparecen proyectos importantes con ejes transversales de reformas claves, como:
- Proyecto de ley de reforma de IPS (presentado por Rasmussen).
- Proyecto de ley de Fortalecimiento de la Institucionalidad Fiscal (presentado por Hacienda).
- Proyecto de ley de Suministro y Contrataciones Públicas (presentado por Hacienda).
- Proyecto de ley de la Función Pública y la Carrera del Servicio Civil (presentado por Hacienda).
Profesionales técnicos han desarrollado el trabajo tedioso de identificar las barreras a las buenas prácticas, así como detectar los espacios en blanco por donde se filtran hechos delictivos y no permiten ser atrapados. Con esfuerzo y sus mejores conocimientos, han consolidado textos completos de proyectos de ley analizados con la mirada hacia el compromiso ciudadano.
Lo mínimo que podemos hacer desde el sector social y el sector empresarial es apoyarlos, darles el soporte que precisan para evitar que malintencionados y avivados modifiquen artículos a su favor, destrocen el proyecto antes de nacer, o le incorporen cláusulas que hagan inviable su ejecución.
La corrupción es una moneda de dos caras. Independiente a la profesión, si es del sector público, empresarial o social, las personas somos corruptas o somos honradas, la corrupción no es privativa de un sector. Sin embargo, el sistema está armado y estructurado intencionalmente como una hábil táctica para que nadie salga ileso, plantea un esquema prebendario y clientelar dañino a la moral ciudadana y ataca el bien común.
La crisis no es solo de salud, no es tampoco política ni económica. Estamos viviendo una gigantesca crisis de valores éticos, donde sale a relucir quiénes somos y lo que hacemos ante las oportunidades que traen las circunstancias. Con un activo compromiso, hagamos lo posible para que triunfe el bien.