Opinión

Epidemia de impunidad

Brigitte Colmán Por Brigitte Colmán

La impunidad es una epidemia en el Paraguay, pero existe a pesar de que no hablemos del tema.

Uno de esos casos emblemáticos es el de los empleados del diputado colorado cartista Tomás Rivas.

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Ayer nomás, Reinaldo Chaparro, Nery Franco y Lucio Romero, caseros del diputado fueron condenados a 2 años de cárcel con la suspensión a prueba de la ejecución de la pena. Esto significa que los tres fueron hallados culpables por cobro indebido de honorarios, pero no irán a prisión.

En el caso de Franco, el perjuicio fue de 24 millones de guaraníes; Chaparro cobró 16.937.080 de guaraníes; y Romero 16.895.830 de guaraníes. La estafa en contra del Estado paraguayo quedó demostrada, ya que ellos cobraron un salario sin trabajar para el Estado.

De acuerdo con la investigación de la Fiscalía, los tres recibían salarios de la Cámara de Diputados, cuando en realidad cuidaban las propiedades del diputado colorado.

Los caseros se convirtieron en algo así como la cabeza de turco, aunque nosotros sabemos que quien realmente defraudó la confianza de sus electores y al Estado paraguayo fue el diputado colorado.

Sin ir más lejos, desde el mes de mayo de 2018, el diputado por Paraguarí, Tomás Éver Rivas viene chuleando a la justicia, y evitando rendir cuentas a través de un sinnúmero de chicanas.

Todo comenzó con una investigación de Última Hora en febrero de 2017.

El trabajo periodístico demostró que el diputado hacía figurar a tres empleados suyos como empleados del Congreso. Les pagaba con dinero público, pero les hacía trabajar para su beneficio propio y particular.

Tomás Rivas hacía figurar a Lucio Romero, Nery Franco y Reinaldo Chaparro, como empleados de la Cámara de Diputados. Ellos cobraban salarios del erario público, pero en realidad uno era empleado de un comercio familiar de Rivas en Ybycuí, otro era casero en una residencia del legislador, ubicada en Lambaré, y otro estaba trabajando en su quinta en el Departamento de Paraguarí.

La investigación incluía fotografías y filmaciones, después de un seguimiento de varios días por parte de los periodistas, logrando así demostrar que el caso era similar al de los famosos “caseros de oro”, del ahora ex diputado colorado José María Ibáñez. Ibáñez, como la culta audiencia recordará, reconoció ante la Justicia que había pagado a tres empleados particulares también con sueldos del Congreso, y por eso, después de mucho batallar fue privado de su investidura como legislador.

Ahora, los cabeza de turco que ciertamente cobraban la plata que el diputado les daba van a quedar tan frescos. Igual que el diputado, quien mediante chicanas viene chuleando a la justicia desde hace cuatro años.

Y aquí es cuando volvemos a recordar la tan mencionada frase del obispo salvadoreño, hoy san Arnulfo Romero: “La justicia es como la serpiente, solo muerde a los descalzos”. Esa es la justicia paraguaya. Si robás una gallina, tenés asegurada una cucha en Tacumbú. Pero si usás mal el dinero de los impuestos que pagan los paraguayos para mantenerte como diputado, no pasa nada, siempre que tus abogados sepan chicanear.

Dirán que este caso es un caso emblemático de corrupción política que, al mismo tiempo deja al desnudo la vulnerabilidad de la Justicia, y deja la puerta abierta para que entre la impunidad.

Es así mismo. Pero no es todo.

Es cierto que como ciudadanía no nos merecemos tener una clase política tan nefasta y deshonesta. Pero creo que tenemos que hacer un poco más que plaguearnos.

Cada vez que vemos las listas de candidatos, y sabemos que tienen un florido prontuario, y a pesar de ello los seguimos votando, pues entonces no hay mucho de qué quejarse después. Porque con nuestros votos y nuestra indiferencia y falta de compromiso nos convertimos en cómplices de tanta impunidad.

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