31 ago. 2025

Entre López y Maduro, me quedo con Venezuela

Al otro lado del silencio

Por Andrés Colmán Gutiérrez | Twitter: @andrescolman

Ni chavista, ni antichavista. Ni lacayo del imperialismo, ni idiota útil bolivariano. Me niego a entrar en el juego perverso de polarizar más la polarizada situación de Venezuela.

De un lado llaman peligrosamente a un golpe de Estado para derrocar a un gobierno constitucional electo –aún con sus muchas falencias, y en medio de una creciente resistencia de un gran sector de su población– (algo muy parecido a ciertos acontecimientos de junio de 2012, en Paraguay). Del otro instan a un poder gubernamental ejercido con efectos represivos contra los disidentes, a que se endurezca todavía más, en defensa de un modelo político imperante, recortando libertades públicas y persiguiendo a quienes sostienen un pensamiento distinto.

Me resisto a caer en esa especie de “guerra civil mediática” que se instaló en las últimas semanas en los medios de comunicación, y, sobre todo, en las redes sociales.

Si cuestionás la represión gubernamental contra los manifestantes venezolanos, o la censura a algunos medios de comunicación, entonces sos un golpista, partidario del fascismo y la oligarquía, financiado por la CIA norteamericana, que lo que busca es quedarse con el petróleo.

Si, por el contrario, señalás la evidente intención golpista de algunos de los líderes de la oposición, y la grosera manipulación informativa de muchos medios de comunicación, entonces sos un defensor de la dictadura criminal de Nicolás Maduro.

Pero en la compleja realidad en la que hoy se debate Venezuela, hay mucho más que solo blanco y negro. Hay sectores, como el de los estudiantes movilizados, que dejan oír otras voces, y plantean la búsqueda de otros caminos, y en cuyos reclamos se dibuja el sueño de una Venezuela diferente, más allá del fanatismo de los principales bandos ahora enfrentados.

Si tengo que elegir entre Nicolás Maduro y Leopoldo López, me quedo con Venezuela... y con esa esperanzadora emergencia “de nuevos protagonistas que planteen una agenda objetiva y patriótica, no demagógica o ideológica, y que es vital en estos momentos”, como ha señalado el cantautor panameño Rubén Blades, en una lúcida carta difundida esta semana.

Sí, me duele lo que pasa en Venezuela, pero mi solidaridad no tiene bandos, más que el del pueblo humilde y mayoritario, el que más sufre por la espiral –hasta ahora sin salidas– de tanta violencia.

Tampoco esta solidaridad me impide –como creen algunos– ignorar lo que pasa en el Paraguay: Seguir reclamando por los 159 dirigentes campesinos asesinados en la lucha por la tierra, seguir preguntando ¿qué pasó en Curuguaty?, seguir denunciando las fumigaciones asesinas en los sojales o los buses chatarras. Lo uno no quita lo otro.