Tan ligera como la ropa que vestimos en verano, así debe ser la comida que consumimos en los días de intenso calor. No solo para mantener la figura, sino para dar una mano al proceso digestivo.
No hay secretos: mientras más liviana sea la alimentación, mejor será la sensación. Pero esto no significa que hay que dejar de comer. La licenciada en Nutrición, Fátima Gamarra, no deja alternativas: “No hay que saltarse ninguna comida”, indica. El truco está en introducir alimentos frescos en la dieta, y dejar de lado aquellos con alto contenido calórico.
“Se pueden consumir lácteos fríos, o yogures con cereales y frutas. Lo que no hay que hacer es dejar de desayunar. El paraguayo está acostumbrado a no desayunar antes de salir de la casa, y con las altas temperaturas que reinan, a las 8.00 o 9.00 de la mañana, puede tener baja presión y desvanecerse debido al incorrecto suministro de glucosa”, advierte.
Una persona puede sufrir hipoglucemia (bajo nivel de azúcar en la sangre) y desmayarse, tras pasar varias horas sin comer. Por eso es importante realizar seis comidas diarias: desayuno, media mañana, almuerzo, media tarde, merienda y cena.
En todas ellas, conviene evitar los alimentos altos en grasa, sobre todo, si existen presión elevada y sobrepeso.
“Los hipertensos y los gorditos, a los que les gusta el tereré rupa, deben evitar las comidas copiosas que tienen grasa, frituras o condimentos como mayonesa o sal en exceso”, recordó Gamarra.
INTOXICACIONES. Las intoxicaciones alimentarias son comunes en verano, debido a que las bacterias que las originan, se multiplican con mayor facilidad. Evitar consumir alimentos inadecuadamente refrigerados es una manera de prevenirlas.
Por sobre todo, hay que tener cuidado con los alimentos ofertados en la vía pública.
“Las ensaladas de frutas que se venden en la calle y no siguen la cadena de frío, pierden sus propiedades y producen fermentación en el organismo. También hay que tener cuidado al comprar aceite, ya que al pasar los 40 grados, ese aceite forma compuestos cancerígenos para el organismo, y las grasas saludables que contiene, pasan a ser perjudiciales”, indica la nutricionista.
Insta además a no olvidar la hidratación, una parte fundamental de la alimentación de verano.
“Todos debemos hidratarnos, pero de forma especial deben hacerlo los niños -porque tienen mayor actividad física-, y los ancianos -porque con los años pierden la sensación de sed y otros estímulos-", señala.
Así también, las personas que realizan actividades físicas intensas deben beber agua (de a sorbitos) antes, durante y después del entrenamiento. Los deportistas de alto rendimiento, en cambio, deberán complementar la hidratación con bebidas rehidratantes que contengan sodio, potasio, magnesio y otros elementos que reponen las pérdidas que supone la actividad física intensa.