09:50 | Y es que, para Justo Villar, portero titular de la selección paraguaya que ha conseguido que con el paso de los años el mito de José Luis Chilavert no le pesase, ya que “al principio no era una carga liviana por todo lo que representa”, dice, la bulliciosa hinchada de latinoamérica “es más apasionada”, mientras que la europea es “más tranquila”.
En Valladolid, concretamente, se ha topado, a su juicio, “con una ciudad no muy futbolera, ya que tiene un campo como para llenarse todos los días, algo que no pasa, aunque los que vienen son fieles”, subraya.
Un aspecto diferenciador que no le hace arrepentirse de haber hecho “el macuto” para ganarse un nombre en Europa tras su paso por Newell’s Old Boys, Libertad y Sol de América. “Aquí están los mejores del mundo, mientras que los de allí son un proyecto”, asevera el portero de 31 años que, recientemente, fue designado como el décimo mejor cancerbero del mundo.
“Me ha costado un poco adaptarme a cómo se juega y a las costumbres, pero con la ayuda de mi gente lo voy consiguiendo”, apuntó Villar, quien no se ve lejos de Valladolid en la próxima campaña, sobre todo porque “con los niños y, cuando uno se encariña con un lugar, es más complicado. En todos los equipos en los que he estado ha sido durante muchos años, pero depende del entrenador”.
Villar se siente arropado por la gente del club, el técnico, José Luis Mendilibar y sus compañeros, a quienes califica como “buenos futbolistas y, sobre todo, buena gente”. Sin embargo, el paraguayo no ha tenido la misma fortuna con la afición vallisoletana, ya que ha sido el blanco de su ira en algún encuentro.
“Un día estás al borde del infierno y al otro del paraíso, pero a veces uno piensa que no ha hecho cosas malas para merecer esto. Me ha fastidiado y me ha hecho daño, pero es lo que hay. Te marcan por una jugada, te crucifican, y lo peor es que luego no sabes que explicarle a la familia. Pero en mi carrera he cometido errores y he aprendido a levantarme”, comenta el guardameta.
Obviamente, los pitos le han dolido, pero es consciente de que temporadas venideras pueden ser tan duras como esta. Aún así, para él supone “un desafío estar en el Valladolid, en una Liga tan competitiva como la española y ayudar al equipo”.
Tampoco esconde que añora el calor del público paraguayo, que le paren por la calle y le arenguen. “Aquí no me conoce casi nadie y estoy mucho más tranquilo”, subraya Justo Villar, entusiasta lector de Paulo Coelho y un amante de la pesca desde que tiene uso de razón, para el que “el mejor regalo es el reconocimiento de la gente no sólo como jugador, sino como persona”.
Sus ojos también resplandecen cuando habla de la selección y del momento en el que se encuentra, líder de su grupo de clasificación para el Mundial se Sudáfrica 2010, una cita en la que se marca el objetivo de superar la ronda de octavos, la mejor clasificación del combinado paraguayo en una cita mundialista.
Más bien se siente henchido de “orgullo” cuando rememora algún viaje en autobús hasta el estadio, “con 30.000 compatriotas agolpados en el recorrido”. “Somos todos uno y conseguimos que la gente se olvide de sus problemas”, indica.
Él contribuye a esa “momentánea felicidad” de noventa minutos con sus cualidades sobre el arco: “Intentar demostrar serenidad a los compañeros, rapidez para salir y cortar por abajo, agilidad y reflejos”, apunta.
Virtudes adquiridas, puesto que, en su opinión, “uno nace para ser cancerbero. Está posición te elige y eso de que los porteros están locos creo que es más una leyenda, bueno a lo mejor en el caso de los de otros deportes como fútbol sala o balonmano sí”, bromea Villar, al que le parece, por último, que lo más ingrato del oficio de atajar es “celebrar un gol solo”. (EFE)