15 jul 2026

“En Paraguay todo está por hacerse; solo falta un proyecto a largo plazo”

Hace una semana inauguraron en Asunción la primera etapa de un megatemplo de 42.000 m2, edificado con aporte de los creyentes. “Una obra que muestra lo que las personas pueden hacer cuando hay confianza y la palabra de Dios llega al corazón”, dicen los pastores..

Por Susana Oviedo

soviedo@uhora.com.py

CUANDO MÁS DE 25 AÑOS ATRÁS SE HICIERON MUY AMIGOS EN LA UNIVERSIDAD DE INDIANA (EE.UU.), Betania tuvo un sueño que recuerda hasta hoy: Vio a Emilio Abreu predicando en un lugar parecido a un estadio, con graderías y repleto de gente. Por entonces, a ninguno de los dos se les cruzaba por la mente la idea de convertirse en pastores, trabajar juntos por la conversión de las personas y edificar un megatemplo.

Él estudiaba Ciencias Políticas y Economía. Ella, Educación Especial. Emilio siguió después un máster en Administración de Empresas, y Betania, en el área de educación.

“Primero fui yo quien se acercó a Cristo; hasta que ella también tuvo una experiencia con Dios que cambió su corazón”, cuenta con naturalidad el hasta hoy principal pastor del Centro Familiar de Adoración, perteneciente al Concilio de las Asambleas de Dios.

Después de una larga amistad, se hicieron novios y, finalmente, en 1982, se convirtieron en esposos. Dos semanas después de casarse en el país de Betania, decidieron venir a Paraguay.

Él se había ido a los Estados Unidos como nadador y para estudiar. Estaba becado por la universidad de Indiana, se preparaba para las Olimpiadas en 1976.

Conoció a Betania cuando salía de una cancha de tenis. “Durante dos años traté de cortejarla, después nos hicimos muy amigos”, recuerda Emilio. Ya casados, fue Betania quien sintió como una necesidad el viajar a Paraguay para trabajar en misión.

“Yo siempre quise volver, aunque la gente me decía: ?estás loco, para qué querés regresar al Paraguay’”, admite el pastor. Hasta hoy, él dice estar convencido de que este es un país de oportunidades. “Un lugar donde todo está por hacerse, pero falta que nos unamos a trabajar y hacer lo que tenemos que hacer como paraguayos”, dice.

En los primeros años, Betania trabajó como maestra en el Asunción Christian Academy, donde luego fue la directora por 15 años; y Emilio en la administración de la fábrica de su familia.

-¿Dimensionaban todo lo que hasta hoy han logrado crecer como Iglesia?

Emilio: -Realmente nunca soñamos hasta donde podíamos llegar, pero Betania tuvo esa visión que ya les comentó.

Betania: -Nosotros comenzamos cuando un grupo de jóvenes vino a nuestra casa a pedir que iniciáramos un estudio bíblico. Aceptamos, y el grupo comenzó a funcionar en casa. Yo estaba embarazada de mi primera hija, que este mes cumple 24 años. Oficialmente, como iglesia empezamos cuando la cantidad de gente ya no entraba en nuestra casa y tuvimos que buscar un local más grande.

-¿Hubo momentos de flaqueza en el proceso de consolidación de la Iglesia?

Betania: -Como cualquier familia, el crecimiento no fue una explosión, sino un proceso, porque realmente el templo más importante no es el que se hace de piedras y ladrillo, sino el que se aloja en el corazón. Es un proceso de cambio. El nuevo templo donde estamos ahora fue hecho fuerte, sólido, para significar que en Paraguay se puede. Para animar a la gente y demostrar a aquellos que dudan y dicen: ¿en Paraguay?

Cuando uno cree en Dios y deposita en él toda su confianza, nada es imposible. Es cierto, tampoco hemos terminado esta obra, pero queremos seguir. Esta es la primera parte, con una capacidad para 10 mil personas, pero estamos creciendo también con otras 40 iglesias hijas.

-¿Qué otras actividades llevan adelante?

-Emilio: Estamos trabajando con 250 iglesias asociadas. Tenemos 6 comedores, donde se alimentan más de mil niños. También tenemos un equipo médico móvil que sale a servir a aquellos lugares más carenciados.

Nuestro anhelo es erradicar la pobreza del país y la miseria del corazón de la gente. La pobreza no tiene que ver solo con el bolsillo, está en el corazón y en la mente del ser humano.

Sacando a la gente de esa pobreza es cuando se dignifica el ser humano, porque no está solo recibiendo. Enseñamos a trabajar, a dar, a creer, a motivar, a tener visión, fe y a creer en una película mucho más grande. Enseñamos que, pese a la adversidad, se puede salir y proyectarse. Contamos con escuelas de líderes, de formación bíblica y vocacional y consejerías.

-¿Qué tiempo dedican a la Iglesia?

Emilio: -Prácticamente nuestra vida. Esto es prácticamente como nuestra casa, no lo concebimos con horario de trabajo, es un estilo de vida.

-En enero de 2008 usted había dicho a ÚH que en 5 años más “serían cerca de 100 mil en el país”. ¿Cuántos fieles cree que forman parte de su ministerio?

-Con todas las iglesias en extensión, creemos que estamos entre 28 a 30 mil personas. Esto se va multiplicando porque es un trabajo de capacitación de la gente.

Todos los días la gente viene donde puede encontrarse con Dios, y con la solución a muchos de sus problemas. O, simplemente, porque tiene muchas preguntas que necesitan ser respondidas. La iglesia tiene que tener la respuesta, para el presente y para el futuro. La Palabra de Dios las tiene.

-¿Cómo se ingresa al Centro Familiar de Adoración?

-Nuestras puertas están abiertas a toda la nación. Nosotros amamos al Paraguay. Si quieren unirse a nuestras fuerzas para trabajar juntos y cambiar el país, ¡aleluya!

LA FAMILIA ABREU

Betania y Emilio Abreu son padres de dos jóvenes: Rebeca y Joshua. “Realmente son dos campeones”, dice orgulloso el pastor. Ella está en Australia trabajando como pasante en la iglesia Hillsong. Él está realizando su pasantía en Londres, en un banco. Ambos se graduaron en la Universidad Oral Roberts, en Estados Unidos, el país de Betania. Rebeca fue mejor alumna y Joshua obtuvo el summa cum laude. “Los dos son paraguayos y aman a su país”, dice la madre.

En Paraguay, sostiene Emilio Abreu, hay que revisar profundamente la educación de los niños y jóvenes. “Cuatro horas al día de clases es apenas un mínimo”, resalta.

MIRAR MÁS ALLÁ DE 5 AÑOS Y TRABAJAR TODOS POR LO MISMO

El pastor Emilio Abreu dice que para provocar un verdadero cambio en el país hace falta contar con un plan único a largo plazo. “Por lo menos de 30 años, que esté por encima de las ideologías y del grupo que cada 5 años tome la dirección del país”.

En su opinión, no se puede establecer un plan de trabajo solo para 4 o 5 años, hasta que sube el próximo gobierno. “Hay que mirar a largo plazo y hacer que, aunque haya cambio de signo político en el gobierno, todos sigamos trabajando hacia objetivos comunes. Solo así el Paraguay será un país bendecido”, asegura.

Abreu insiste en formular una ruta de trabajo y que, gane quien gane, respete ese sistema de trabajo. “Podemos convertir al Paraguay en un puerto de oportunidades para que vengan a invertir acá”, insiste el pastor, economista, y administrador de empresas.

“Si no seguimos viviendo de forma egoísta, podemos alcanzar nuestras metas, adquirir autoestima y carácter para plantarnos ante cualquier nación”, dice.

Por Lugo. Betania y Emilio Abreu dicen que todos los días oran por el presidente Fernando Lugo y las demás autoridades.

“Son los que toman las decisiones, pero si lo hacen solo en base a intereses personales, y no están transformados en su corazón, difícilmente harán lo que Dios les dice.”