El especialista en empleo Enrique López Arce realizó un análisis de la evolución del mercado laboral paraguayo desde el año 2000 hasta 2025. “El empleo en Paraguay mejora, pero esa mejora aún no llega a muchos”, afirma. Y reconoce que, pese a los avances macroeconómicos, para miles de personas la realidad cotidiana sigue siendo difícil.
“Una señora me dijo una vez: ‘Usted habla de la economía, pero a mí me interesa mi economía’. Tenía razón. Los números pueden mejorar como país, pero si eso no se siente en el bolsillo, genera rechazo”, reflexionó.
Uno de los cambios estructurales más relevantes en estas dos décadas y media es el aumento en el nivel educativo de los trabajadores. En el año 2000, apenas el 10% de los trabajadores paraguayos accedía a la universidad. Hoy esa cifra alcanza el 30%.
Más de 800.000 paraguayos han pasado por la universidad, aunque el desafío sigue siendo la culminación de los estudios, ya que solo el 30% logra graduarse.
El dato no es menor: Existe evidencia de que la pobreza es significativamente mayor en hogares con educación básica, mientras que apenas un 3% de las personas que alcanzan estudios universitarios permanecen en situación de pobreza. “Podemos estar contentos con estos números, pero aún hay mucho por hacer”, advierte López Arce.
Tareas pendientes. La tasa de desempleo abierto mostró una tendencia a la baja en términos históricos. En años anteriores, el promedio anual se obtenía sumando los cuatro trimestres, una práctica que permitía suavizar las variaciones estacionales, ya que el último trimestre suele ser el mejor y el primero el más débil. Bajo esa metodología, Paraguay registraba tasas como 5% en 2013, 6% en 2014 y 5,4% en 2015.
Actualmente, aunque el desempleo abierto ha disminuido, aún hay 121.844 paraguayos desocupados y 118.191 personas en situación de subempleo. “Son cifras que deben mejorar”, sostiene López Arce.
En cuanto a la informalidad laboral, en el año 2000 superaba el 70%. En 2025, tras 25 años, se redujo al 57%. Pese al descenso, más de la mitad de los trabajadores siguen sin acceso pleno a derechos básicos como seguridad social o jubilación.
El análisis también muestra transformaciones en la composición del empleo. El sector público alcanzó en 2022 un pico de 411.588 funcionarios, pero actualmente bajó a 337.577.
En contrapartida, el empleo asalariado privado creció hasta 1.410.409 trabajadores, superando incluso los niveles prepandemia. En 2020, antes del impacto pleno del Covid-19, había alrededor de 1.401.000 asalariados privados. “Finalmente, salimos del golpe de la pandemia, nos normalizamos y mejoramos”, destaca.
Para López Arce, el principal desafío actual es la calidad del trabajo. El empleo a tiempo parcial (entre 16 y 32 horas semanales) aumentó 300%. Si bien muchos trabajadores están formalizados, sus ingresos no alcanzan el salario mínimo. Además, se incrementó de manera drástica la búsqueda de un segundo empleo.