Por Álvaro Mellizo
Normalidad es la palabra repetida por los medios de comunicación para describir la situación y también ha sido subrayada por los observadores de varios países latinoamericanos destacados para vigilar el desarrollo de las elecciones generales y los dos plebiscitos que convocan a la ciudadanía.
Esta jornada pone fin a un año ininterrumpido de campaña electoral, después de que los partidos tuvieran que elegir a sus candidatos en unos comicios internos el pasado mes de junio, en los que la competencia fue tan feroz como en unas elecciones generales.
El compromiso uruguayo con la democracia se está reflejando en la activa participación ciudadana y en el espíritu amistoso, lúdico y prácticamente festivo con el que los “orientales”, como son conocidos los habitantes de este pequeño país sudamericano, acuden a las urnas.
El ministro de la Corte Electoral, Edgardo Martínez, explicó este domingo a Efe que la ausencia de incidentes se debe “a la muy marcada tradición cívica y al espíritu festivo” de los uruguayos.
Martínez apuntó que entre los “orientales” no hay “ni ensañamiento ni odio”, y “las agresiones son por parte de los candidatos, no del pueblo”.
“Esta es una situación que nos enorgullece mucho a todos y queremos que se mantenga así por siempre”, apuntó Martínez.
De hecho, ni la existencia de un plebiscito para anular la ley que permitió la impunidad de los crímenes cometidos por militares y policías durante la última dictadura (1973-1985) ha conseguido caldear “viejas pasiones que se han ido matizando con los años”, dijo Martínez.
El director del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Roberto Cuéllar, que encabeza la misión de observadores electorales latinoamericanos en el país, destacó a los medios locales que los procesos de votación son “un sello que distingue a Uruguay en América Latina”.
“Solo el hecho de que la ciudadanía adjunte otros ejercicios de consulta popular alrededor de las elecciones nacionales demuestra claramente la enorme confianza y responsabilidad que le tienen al sistema electoral en Uruguay”, aseguró Cuéllar.
El candidato de la gobernante coalición de izquierda Frente Amplio, José “Pepe” Mujica, es el favorito para ganar la presidencia, pero parece difícil que su candidatura logre superar el 50 por ciento de los votos como exige la legislación uruguaya para vencer en primera vuelta.
Luis Alberto Lacalle, que fue presidente de Uruguay entre 1990 y 1995 y es candidato por el Partido Nacional, es el único con posibilidades de pelearle a Mujica la presidencia.