06 abr. 2026

El tránsito asunceno requiere planificar grandes soluciones

Sin medidas que ataquen en todos sus frentes el problema de la congestión del tránsito, los escasos semáforos inteligentes –apenas 78– instalados por la Municipalidad capitalina no serán una contribución gravitante para resolver el problema. A Asunción le hacen falta calzadas más anchas y mejor señalizadas, calles en buen estado de conservación, policías de tránsito alertas las 24 horas del día, más pasos a desnivel, estacionamiento, buses, metrobuses y trenes de corta distancia, así como autoridades que piensen en el bienestar colectivo. A todo ello hay que agregar una educación vial que supere limitaciones culturales tanto de conductores como de peatones a fin de que sean conscientes de que para la solución del drama su aporte es imprescindible.

Las autoridades de Asunción –intendentes y concejales– han medido hasta ahora a Asunción con mentalidad de aldea grande. Y han actuado conforme a este criterio. Nunca ninguna administración municipal, conjuntamente con las comunas de su área metropolitana, se sentó a planificar una Capital para dentro de 10, 20, 50 años.

Desde luego que es inútil pedir peras al olmo cuando ni siquiera han sido capaces de resolver lo inmediato y urgente con solvencia y practicidad. Por eso Asunción se encuentra hoy entre las ciudades del mundo más atrasadas, con menos servicios eficientes, a pesar de ser la Capital Verde de Iberoamérica. Será muy rica en árboles, pero sigue siendo muy pobre en materia de confort en sus espacios públicos destinados a ciudadanos que pagan impuestos.

Los 400 semáforos inteligentes para 78 bocacalles donados por la Agencia de Cooperación Internacional del Gobierno de Corea (Koica) son un aporte útil, pero insuficiente para pensar que es el inicio de un proceso que en un lapso determinado –atendiendo al acelerado crecimiento del parque automotor– reducirá a un mínimo insignificante el problema de la lentitud del desplazamiento de los rodados.

No basta con disminuir la cantidad de minutos que se tardan para ingresar desde el sur o el norte si es que la ciudad no ofrece la infraestructura física y humana necesaria para que el tránsito deje de ser una pesadilla para propios y extraños.

Por la imprevisión e ineptitud de sus administradores, la Capital no tomó a tiempo las medidas que le permitieran enfrentar con relativo éxito la avalancha de vehículos que todos los días se desplaza por sus calles y avenidas. Por eso, a esta altura de su vida hace falta pensar en grandes proyectos para acortar la distancia del desfasaje entre lo que se tiene y lo que se requiere para satisfacer las necesidades.

Las respuestas están a mano. Basta mirar qué han hecho populosas ciudades como San Pablo y Buenos Aires con el afán de agilizar la circulación de rodados.

Anchas vías troncales, abundantes pasos a desnivel, cantidad suficiente de semáforos inteligentes, calles y avenidas que no revientan en corto tiempo los elásticos de los vehículos, vigilancia electrónica y personal, leyes de tránsito que no se flexibilizan por coimas a policías, servicios públicos de metrobuses, buses y trenes eficientes y otros equipamientos son necesarios para hacer una ciudad que responda a los requerimientos presentes y se prepare para los que vienen. Pensar y hacer a lo grande, en resumen.

A todo ello habrá que agregar la gran tarea de romper con educación la incultura ciudadana, que no coopera lo suficiente como para que el movimiento de los vehículos sea más rápido y seguro.

Los semáforos son un avance, pero en el mar de obstáculos de tránsito, son apenas unas gotas que reclaman un urgente diluvio de acciones eficaces.