30 may. 2026

El Servicio Forestal está en deuda al no emprender una decidida reforestación

Si es que el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) quiere hacer un aporte relevante a la preservación del ambiente, debe focalizar sus acciones en la eficacia del papel que cumple el Servicio Forestal Nacional (SFN). A la tala despiadada de bosques hay que contraponer una agresiva forestación y reforestación.

La causa de la reducción de la superficie boscosa a apenas un 10 por ciento –unas 800 mil hectáreas–, de lo que existía hasta hace algunos años no hay que buscarla exclusivamente en los que explotaron la madera de un modo inmisericorde. Los gobiernos –a través del MAG y, en particular, del SFN– insensibles y cómplices de la deforestación son los principales culpables de la situación actual.
Sin una verdadera voluntad política que implique un compromiso de cúpula, que se traduzca en acciones concretas a nivel operativo, no se podrá avanzar. Que un funcionario coimero o cien vayan a la cárcel es aún un dato irrelevante si se considera la magnitud del impacto que causa el tráfico de rollos.
La Fiscalía investiga la responsabilidad que pudieran tener algunos de los que fueron directores del SFN en acciones u omisiones administrativas que provocaron el corte de árboles en superficies que van de 30 a 20.000 hectáreas.
Sabido es que la corrupción institucional no opera de manera aislada. Hay una cadena de mandos involucrada. Es más: esa es la garantía para que sobreviva y sea protegida por la impunidad. Donde todos tienen las manos atadas en ilícitos, nadie puede denunciar. La historia del SFN no puede ser ajena a esa estructura perfeccionada en largos años de ejercicio de la complicidad colectiva.
Es impredecible lo que ocurrirá con la investigación judicial. La tradición en casos de esta índole no permite abrigar esperanzas con respecto al castigo de los que fueren hallados responsables de la comisión de hechos punibles. Si se rompiera esa norma, no escrita pero vigente, tampoco se habrá avanzado mucho: los daños ya son irreparables. Una planta de palosanto tarda casi un siglo para alcanzar medidas que permitan su uso.
En lo que el MAG y el SFN –además de hacer cumplir la Ley de Deforestación Cero prorrogada y vigente y presentar al Parlamento proyectos de leyes adecuados a la situación actual– pueden contribuir significativamente a la preservación de la calidad del medio ambiente es promoviendo una campaña de reforestación vigorosa y práctica.
Hasta ahora, aun con los estímulos fiscales, la reposición de plantas en áreas deforestadas y la forestación han sido un fracaso porque no se han dado las condiciones adecuadas para que tuviesen un éxito medianamente razonable. La deficiencia empieza en la raíz: el SFN ni siquiera cuenta con viveros que puedan proveer gran cantidad de especies para la siembra. El de San Lorenzo es lamentable.
Es necesario que el Gobierno cambie de mentalidad. Y que el SFN pague parte de sus deudas con el país emprendiendo cuanto antes una decidida cruzada para sembrar árboles a lo largo y ancho del país.