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El riesgo de ser golpeados por las fake news

 

Un fenómeno asociado irremediablemente a las redes sociales y plataformas digitales son sin dudas las fake news, expresión inglesa que se refiere a la práctica sistemática e intencional de difundir mentiras, con apariencia de verdades para dañar la imagen de personas, empresas, instituciones. Si bien comenzaron con un objetivo político, su uso se fue extendiendo a todos los campos de la formación de ideas, inducción de líneas de pensamiento, posicionamiento o desprestigio de una marca.

“La mentira, y su difusión, no es algo nuevo; basta recordar el antiguo dicho, `miente, miente que algo queda´; lo nuevo es la tremenda fuerza viral que le dan las redes sociales y, sobre todo, la reducida capacidad crítica de la mayoría de quienes viven en el mundo virtual de esas redes”, afirma Katy Guillén directora y copropietaria de ECOM Estrategias de Comunicación.

“Resulta sorprendente la facilidad y ligereza con la cual se reproducen contenidos de Facebook, la rapidez con la que una noticia que llega por WhatsApp pasa de grupo en grupo, prácticamente sin verificación ni control, de tal manera que, cuando se descubre que era falsa, es imposible contener su alcance o llevar el desmentido a todos los que recibieron el mensaje; y es allí justamente donde reside su gran poder”, agrega Miguel Noto, director de la misma empresa.

Impacto. ¿Cómo puede impactar esto en las marcas? Guillén expone que la asociación de una marca a informaciones falsas es un riesgo constante, ya que muchas de ellas, sobre todo las grandes corporaciones, utilizan herramientas como la publicidad programática para subirse a temas afines con gran impacto, click y reproducciones. “Y la tecnología-aunque muy avanzada- no termina de asegurar o discriminar lo verdadero de lo falso o, cuando lo hace, no da el paso de advertir al usuario sobre esta condición, como es el caso de YouTube. Las marcas terminan vinculadas a temas que pueden dañar seriamente su reputación ya que están orientadas a afectar la percepción de la realidad de la gente”, indica.

Paraguay. Localmente, todavía existe un acompañamiento más directo en el momento de asociar la marca a los temas, aún está presente el ojo humano que se complementa con la tecnología. Tal vez esta dupla deba prevalecer por sobre los criterios de velocidad o inmediatez.

Ante la pregunta ¿Qué hacemos para combatir las fake news? Noto señala que en primer lugar lo que no se debe hacer es censurar. “Por dos motivos, es prácticamente imposible y nunca funcionó”, reafirma y agrega que desde su punto de vista profesional el remedio es más periodismo y del bueno.

“¿Cuál es la esencia del trabajo periodístico? Llevar la información que se ha presenciado, con toda la carga personal desde la cual la miramos, valoramos e interpretamos, a quienes no han sido testigos, pero pueden estar interesados, o pueden necesitarla para tomar decisiones claves”, explica.

Agrega además que el periodista es testigo, luego contralor ya que debe verificar, chequear los datos que ponen el contexto, consultar varias fuentes y, finalmente, transmitirlo con las herramientas más aptas del canal que está utilizando: La palabra escrita, dicha en las radios o ilustrada en la televisión o difundida a través de plataformas digitales. “Y desde luego la educación de los usuarios de redes sociales -complementa Katy Guillén- ayudándolos a desarrollar criterios para discernir entre fuentes confiables, mentirosas o dudosas. Y esto solo puede lograrse aunando esfuerzos público-privados, porque hablamos de llegar a todo aquel que cuente con un celular en la mano, puerta de entrada a una enorme variedad de contenidos, entre ellos estas maquinaciones que intentan instalar agendas políticas, ideológicas, o afectar reputaciones”, finaliza.

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