Colonialismo es aquella situación en que una nación ocupa territorialmente, económica, política o militarmente, a otra nación. La explota y la somete. Le saca sus riquezas. Y cuando ya no le interesa o aquella nación se subleva, se va a otra parte.
En los tiempos modernos España y Portugal lo hicieron con América. Luego, Inglaterra con sus colonias esparcidas por todo el mundo. Y con ella la nueva era colonial en África y Asia de Francia, Alemania, Bélgica, etc., después de la primera guerra mundial.
Después de la segunda guerra mundial, bien aprovechada por los EEUU, nace el imperio yanqui que nos invade con todo tipo de colonias territorial, política, militar, cultural, etc. Terrible porque a América Latina la considera su patio trasero a donde echa la basura y saca el oro.
Pero esto ya históricamente se le va acabando. Por eso EEUU se defiende y coloniza con mayor crueldad.
Y atención: ya siente que está más cerca la hora en que tendrá que irse. Hora histórica que puede durar muchos años en venir, pero que inexorablemente llegará. Los imperios también mueren.
Este colonialismo moderno se mantiene reciclado con bases militares, halagos o amenazas de su embajada, bloqueos, etc. Y, también, con periódicas elecciones seudodemocráticas para asegurarse que somos colonias.
Nuestras personas sueñan que en las elecciones somos los que libremente elegimos el ser libres y no colonia. Y en ese sentido votamos. Por cierto, que nunca votamos con fuerza porque siempre votamos desunidos los que decimos pensar lo mismo.
Pero todo esto es bastante aparente. El imperio con su embajada apoya, aconseja, obliga para el político que a él le interesa que gane y de esta manera el Paraguay (y toda América Latina) siga siendo colonia.