El trabajo para ganarnos el pan de cada día y mantener a la familia es capital. Pero también es importante programar los valores por los que nos vamos a regir en nuestra conducta y compromiso con la vida privada y social.
Este es un tema que interesó a las primeras comunidades cristianas. Y como guía y modelo reflexionaron sobre cómo sería el programa de Jesús de Nazaret.
Y así nació el capítulo sobre el discurso de Jesús leyendo en la sinagoga de Nazaret el profeta Isaías, como nos lo cuenta el evangelio de san Lucas
“El Espíritu de Dios me ha destinado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”.
Si se fijan bien hay una repetición de destinatarios: pobres, cautivos, ciegos, oprimidos. Todos ellos tienen algún modo de privación de humanidad. Porque carecen de medios para vivir, les quitaron su libertad, no ven la realidad que les rodean porque tienen sus ojos o su mente cerradas, porque viven oprimidos de alguna manera.
Por discriminación de raza, de clase social, de género, de religión o de culturas. La conclusión que se saca es obvia: Jesús se va a dedicar preferentemente a gentes desamparadas. Será la gran causa de toda su vida.
Comienza el 2016 y hemos de programar el sentido que hemos de dar a nuestra vida. Ante todo hemos de tener el trabajo necesario para alimentar a la familia.
Pero atención. Los que lo tienen resuelto, si quieren ser cristianos, deben de preocuparse de los pobres, oprimidos, privados de su libertad y… de los inundados ahora entre nosotros.