La historia personal de cada hombre pone de manifiesto cómo la dignidad y la felicidad, incluso humana, se logran en el camino del amor a Dios, nunca fuera de él; y cuando la razón última de una vida se cifra en cualquier otro motivo se está expuesto a caer bajo el dominio de las propias pasiones. Se ha dicho con verdad que “el camino del infierno es ya un infierno”;
Pensemos en qué tenemos puesto en el corazón a lo largo del día. Veamos en nuestra ora- ción si tenemos “industrias humanas” para acordarnos mucho del Señor en nuestras jornadas y así amarle y adorarle.
El papa Francisco dijo: “El evangelio de hoy nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo... un doctor de la Ley le dirigió esta pregunta: ‘¿Maestro, en la Ley cuál es el gran mandamiento?’.
Jesús citando el libro del Deuteronomio respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento’.
… Jesús añade algo que no había sido solicitado por el doctor de la Ley: Dice de hecho: ‘El segundo, después, es similar a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Tampoco este segundo mandamiento es inventado por Jesús, pero lo toma del libro del Levítico.
La novedad consiste justamente en poner juntos estos dos mandamientos –el amor de Dios y el amor por el prójimo– revelando que estos son inseparables y complementarios, son dos caras de una misma medalla. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios.
(Frases extractadas del libro hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net/op/articulos/29702/cat/331/amaras-a-dios-y-luego-al-projimo-como-a-ti-mismo.html)