14 abr. 2026

El posmodernismo surcoreano del K-pop toma Buenos Aires

Buenos Aires, 2 jul (EFE).- Explosiones luminosas audiovisuales, trajes brillantes y peinados imposibles. El posmodernismo surcoreano se plastificó en los 90 en el K-pop, la música del país asiático que ahora se extiende por Latinoamérica y que este sábado tomó Buenos Aires en el festival más importante de este estilo en el continente.

Participantes del concurso K-pop latinoamérica,  en Buenos Aires (Argentina). EFE

Participantes del concurso K-pop latinoamérica, en Buenos Aires (Argentina). EFE

Los 2.500 millones de reproducciones en Youtube que registró en 2012 el fenómeno “Gangnam Style” popularizaron un fenómeno adolescente que transforma en música la idiosincrasia surcoreana: el capitalismo extremo, la saturación de letreros de luz y una digitalización sin parangón en otro país de la tierra.

Detrás de ese éxito se esconde un género global que emociona a buena parte de los ‘millennials’ en Latinoamérica, enganchados a los estribillos pegadizos, las bases de música enlatada y los ritmos electrónicos del K-pop, abreviación de “korean popular music”.

En este contexto, nació el K-pop World Festival, un concurso que selecciona a los mejores cantantes y bailarines del género y que tiene una versión Latinoamericana, cuya séptima edición se celebró hoy en el Centro Cultural Konex de Buenos Aires.

“Se trata del evento pop coreano más importante del continente”, explica Gabriel Pressello, encargado de Producción y Relaciones Institucionales del Centro Cultural Coreano de la embajada del país en Argentina, que se encarga de organizar este festival de relevancia internacional.

Unos 50 chicos de varias edades y procedentes de todo el continente llegaron ayer a la capital argentina para participar en la final latinoamericana del concurso, que seleccionó a los 15 mejores concursantes y a un representante argentino, quien viajará a Corea del Sur para participar en septiembre en la gala mundial.

“Está apuntado al público latinoamericano, los finalistas no pueden ser coreanos ni descendientes de coreanos”, apunta Pressello, quien aplaude el “crossover” de culturas que propicia este concurso: “En las audiciones se pueden ver grupos en el altiplano peruano, en una playa de México o en una favela brasileña cantando en coreano”.

De entre unos 1.000 postulantes, los grupos y solistas seleccionados cantaron y bailaron en la gala de este sábado, ante la atenta mirada de la actriz y conductora argentina Soledad Silveyra, quien estuvo acompañada en el jurado del músico Christian Bosso y la periodista coreana Jin Yi Hwang.

Felipe Waldhorn y Bastián Cortés son un dúo chileno de K-pop. En la gala de este sábado interpretaron “Because I’m Stupid” en acústico, una balada del grupo ss501, que mezcla estrofas en coreano y estribillos en inglés sobre una melodía azucarada: “Honja dashi too missing for you, bay I love you, I’m waiting for you”.

“Como cantábamos en japonés, pensábamos que el coreano sería parecido, pero es mucho más complicado”, explica Felipe, quien se enganchó a este tipo de música, que incorpora influencias del pop anglosajón y el R&B porque, explica, era algo “muy distinto” y “revolucionario”.

Como todo fenómeno ‘millennial’, el fanatismo por el k-pop se expande a través de las redes sociales. “Descubrimos nuevas bandas por una comunidad de Facebook donde hay una gran gama de artistas que les gusta la moda asiática. Toda la información fluye muy rápido”, relata este adolescente.

Así encontraron también la información sobre este concurso, en el que ya participaron sin éxito el año pasado. Este, comentan antes de participar en el concurso, es su momento: “Ahora, alguien nos dice que lo estamos haciendo bien, estamos cantando, queremos agarrarnos a esto para seguir avanzando”.

Entre los jóvenes, el fenómeno del K-pop, como la mayoría de productos culturales asiáticos, llega de la mano del anime. “Yo lo conocí en 2012 cuando fue la onda del ‘Gangnam Style’ y pasaban Super Junior en la radio. Además me gustaba el anime”, explica Martina, de 17 años.

Junto a dos amigas más, formó el grupo de baile Up 3. Se enteraron del concurso a través de unas amigas, que ya habían participado en ediciones anteriores. Cuando las seleccionaron para la final, las tres rompieron a llorar. “Fue muy emocionante, es un sueño lo que está pasando”, relata a Efe.

El verdadero sueño sería llegar algún día hasta Seúl. “Sería el sueño cumplido de nuestra vida”, explica con la mirada iluminada.

Alberto Ortiz

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