El dramático caso de la niñita de 10 años embarazada como resultado de una violación que involucraría al padrastro expone muchos elementos para concluir que el Estado, una vez más, fracasó y demuestra que no está funcionando en su papel de protector subsidiario de los niños y adolescentes.
Los hechos indican que la madre de esta nena ya había concurrido ante la Fiscalía para dar cuenta de que, al parecer, su pareja y padrastro de la niña había sido visto manoseando a la pequeña.
Posiblemente, cuando fue a la Fiscalía era el inicio del infierno para la pequeña víctima de una familia desestructurada, una sociedad indiferente y un Estado endeble.
Sin embargo, en la Fiscalía no lo vieron así. El fiscal que recibió a la madre de la chiquita dice que no es especialista, y que confió en una evaluación sicológica que no halló “indicadores significativos” para decidir continuar investigando el caso.
Con esta actitud el violador tuvo vía libre. Lo que ni el fiscal ni los especialistas supieron leer en el momento era la actitud de la madre de la niña. Se había acercado dudando y esta duda no supieron captar en ella, pese a ser un dato clave.
Al fiscal no le llamó la atención el hecho de que la mujer haya invocado “ciertos rumores” de sus vecinos, en lugar de asumir ella la sospecha de que algo estaba ocurriendo. Es decir, no estaba en condiciones de hacerse cargo de algo que posiblemente ella sabía que estaba pasando.
Al fiscal y sus colaboradores no se les ocurrió solicitar que se contactase con los vecinos, antes de dar por concluido de que no había nada que indicara algún abuso. No se les ocurrió que, ante la duda, debían realizarle un seguimiento a la familia, ¿o esto es mucho pedir?
Por otro lado, ¿qué tan rigurosas son las evaluaciones sicológicas y quiénes las realizan?
¿Son sicólogos que pasaron por un concurso para realizar este servicio? ¿Son especialistas en este tipo de temas?
Qué bueno sería investigar este aspecto puntual del que pende nada más y nada menos la prosecución de una investigación sobre abuso sexual infantil en un ambiente de violencia intrafamiliar.
Para esta niñita, a quien violentamente interrumpieron su infancia y la condenan a asumir un papel para el que ni mental ni físicamente está preparada, el Estado no fue eficiente. No se esforzó por evitar el horror.
El Sistema Nacional de Protección y Promoción de la Niñez no funcionó integralmente. Fracasó en un tramo fundamental y seguirá fracasando a medida que no se asuma como causa nacional que de cuanto hacemos o dejemos de hacer hoy por nuestros niños y adolescentes, depende que el Paraguay tenga un futuro promisorio o un oscuro futuro.
Es inconcebible que se siga asumiendo como algo común que haya niñas-madres y que los abusos a nenas sean cada vez más, sin que esto genere una gran alarma y mejores políticas públicas.