Opinión

El Paraguay positivo que poco importa

Gustavo A. Olmedo B Por Gustavo A. Olmedo B

Estudiantes de la Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción, integrantes del Club Aeroespacial, ganan el “Premio de Ingeniería por Excelencia Técnica”, con el cohete Arasunu II en el Latin American Space Challenge 2022, llevado a cabo en Tatuí, São Paulo, Brasil, a inicios de mes.

Jóvenes paraguayos obtienen una medalla de bronce y una mención de honor en la Olimpiada Matemática del Cono Sur 2022, realizada semanas atrás.

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Un ingeniero informático de 24 años, de nombre Patricio Muñoz, diseña un sistema de riego automatizado que funciona en una huerta comunitaria en el distrito de Belén, Departamento de Concepción.

Nadadores paraguayos, la mayoría de ellos entrenando a puro pulmón y con recursos propios, obtienen 12 medallas del Campeonato Nacional Open de Argentina 2022 y un nuevo récord nacional absoluto (RNA).

Un joven de Yby Yaú, Édgar Emanuel Torales, obtiene una beca de estudio en la República de Taiwán y regresa con el título de Ingeniería Agroindustrial de la National Taipei University of Technology, de Taipéi.

En Asunción se habilita un complejo destinado a la atención médica para adultos mayores, que incluye un albergue para personas en situación de vulnerabilidad.

Estas noticias no son falsas. Son hechos registrados en las últimas 7 u 8 semanas, recogidos y publicados en una sección especial semanal de ULTIMAHORA.COM.

Cuando uno comienza a recabar datos de este tipo descubre que los eventos y logros en nuestro país son más que numerosos. A estos se suman las iniciativas de emprendedores, muchos de ellos jóvenes, que superando desafíos, desconfianza comercial y burocracias, logran posicionarse en el mercado.

Paraguay cuenta con gente valiosa que casi en el anonimato y, en la mayoría de los casos, con escaso o nulo apoyo financiero o de otro tipo, alcanza metas insospechadas y concreta objetivos sorprendentes a nivel deportivo, académico, científico y empresarial.

Detrás de cada uno de estos ciudadanos hay notables sacrificios y dedicación; horas de estudio o práctica, así como el debido y necesario acompañamiento motivacional, técnico y humano de docentes y profesionales de diferentes áreas; lo más probable, personas apasionadas con la tarea que desarrollan, deseosas de transmitir conocimientos, impulsar ideales, acrecentar talentos.

Es el Paraguay del que también muchas veces se habla en las redes o en las “cápsulas especiales” de los noticieros, pero el que finalmente pareciera que poco importa a la hora de marcar nuestra identidad como pueblo. Queda como un dato irrelevante frente al país de los “significativamente corruptos”, el contrabando y lavado de dinero.

Sin embargo, no es así. El Paraguay que construye, vive y se desarrolla cada día, también en medio de las contrariedades, ilegalidades y prácticas destructivas culturales, tiene mucha fuerza y potencial, y se fortalece en el sacrificio cotidiano.

Y aquí no se trata de negar el robo, la informalidad, etcétera. Sino de reconocer que Paraguay no es solo eso. Mejor dicho, es más aquello que florece en el anonimato, que lo que se pudre a la vista; es más que lo negativo que se propone diariamente con grandes titulares, porque falsamente se piensa que publicar lo positivo es ignorar lo contrario.

Como toda realidad, un país está compuesto de luces y sombras; una persona cuenta inevitablemente con defectos y virtudes; un paisaje, quizás con zonas más claras que otras. ¿Cuál de los lados definirá la identidad de la moneda? ¿Qué característica elegiré para definir quién soy?

Valorar ese país que sigue incluso más allá de las disputas políticas, apreciar desde nuestras costumbres hasta los éxitos en escenario internacional, no significa indiferencia hacia lo que urge cambiar, sino un sano realismo. Cuando hablamos de Paraguay también debemos creer en esto positivo que existe, es real, y forma parte de lo que somos.

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