13 abr. 2026

El país del cuarto ro?o permanente

Por Benjamín Fernández Bogado - www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

La expresión en guaraní hace referencia a la acción de golpear con la rodilla el muslo en tensión de alguien o para graficarlo de manera más simple: impedir la corrida, el éxito o el desarrollo de una persona. Paraguay parece vivir en ese estado constante que se deleita en ver caer a alguien que intenta sobrepasar un muro o hacer perder el equilibrio y generar un dolor intenso en quien procura sobresalir en algo. Es probable que la única comodidad de muchos sea observar el fracaso del otro que sentirse bien cuando a alguien le van correctamente las cosas. De ahí que no sea raro el simular el éxito, esconder los logros, no ventilarlos... el hacerlo genera una sensación de angustia para quien ha conseguido algo con mucho sudor y sacrificio. No es raro ver la descalificación que recibe quien mejora su casa, compra un mejor vehículo o sencillamente es promocionado en su empleo. En el Paraguay, la mejor manera de frustrar la carrera de un funcionario público es elogiándolo frente a todos sus compañeros.

Es tiempo de cambiar.

Muchas veces tenemos todo para lograr el desarrollo, pero no acabamos de madurar una personalidad social que nos permita sentirnos cómodos en el éxito. No temer a los logros; no creer que cuando nos va bien, es porque algo malo está por ocurrirnos, son algunas de las cuestiones del carácter paraguayo que alguna vez deberíamos erradicarlo si pretendemos alcanzar cumbres más elevadas. Una campaña de empresarios cristianos ha insistido en la idea del perdonar como un primer paso entendiendo que el corazón nacional anida el odio y su aun peor hermano: el resentimiento.

Los griegos temían más a quienes poseían esto último al que calificaban de “odio larval”. Los seres humanos nos movemos solo por dos fuerzas: el amor y el odio y, es probable que este último combustible sea de mayor octanaje y uso entre nosotros que el primero. La venganza, el “ãgãnte” o “jajotopáta tape po’ípe” son expresiones comunes ante una circunstancia de vida en donde en vez de enfrentarla con la verdad, muchos se refugian en la intención de hacerle el mismo mal o cobrarle la afrenta.

Nunca hemos analizado con rigor los efectos de la Guerra Grande (1870) en el carácter del paraguayo, pero es indudable que una confrontación tan grande, devastadora, cruel y genocida ha dejado sus huellas imborrables entre nosotros. Nos ha llenado de fantasmas y miedos, y, por sobre todo, ha inficionado en la vida de los paraguayos “el placer del fracaso”. Disfrutar cuando a alguien le va mal, cuando cae en desgracia. Nada refleja más lo afirmado que los comentarios anónimos o conocidos de los que hacen referencia a noticias negativas en las páginas digitales de los diarios donde el morbo se ceba en los personajes de una manera cruel y miserable.

El país del cuarto ro’o debe ser dejado a un lado por la promoción del mejor, del más destacado, del más esforzado. Un paraguayo recién llegado a EE. UU. se maravillaba de la cantidad de pequeños carteles que decían EXIT, creyendo que era una manera de estimular hacia el éxito y me decía: “Mba’éichavoi piko ko’ã gringo ndoprogresamo’ãi, rehohápe niko he’i: ‘Exit, exit, exit’”. Suena a chiste, pero el cuarto ro’o duele y está muy vigente en el país, tal vez carteles que promuevan lo opuesto no estarían mal al menos para atenuar el malestar que causa.