12 abr. 2026

El ojo interior de Enrique Careaga

Tres citas para poner en perspectiva la trayectoria de Enrique Careaga (Asunción, 1944), artista óptico de la escena local, con cinco décadas de trabajo ininterrumpido. Un artista con una obra que se asienta en los sesenta (en tránsito por una fase informalista), en el arte Óptico y Cinético, que es lo que comentaremos brevemente en este artículo.

En 1966, tras obtener un premio en la Bienal de Córdoba, en Argentina, deja Asunción para instalarse por doce años en Francia, gracias a una beca del Gobierno francés (1966/67). En su larga estadía parisina tomó el pulso del momento y se conectó con artistas de la Escuela Óptica y Cinética de París, estudiando y trabajando en el estudio de uno de los fundadores del movimiento, Víctor Vasarely.

Entre 1966 y 1970, Careaga desarrolla paralelamente una fase de creación de objetos y ambientes dotados de formas en movimiento, y que empleaban motores eléctricos. O instalaciones pensando en la participación del público, que además contaban con colores y luces.

Careaga vuelve a Asunción en 1978, integrándose al sistema artístico, realizando numerosas exposiciones, seguidas con interés por el público y la escritura crítica (posible de leer en la página web www.enriquecareaga.com).

El arte Óptico puede rastrearse en las primeras vanguardias, al rescatar el lenguaje formal puro, una abstracción radical y geométrica opuesta a la representación naturalista de la realidad, como en los proyectos del Impresionismo, el Constructivismo, el Futurismo, el Rayonismo o el Neo-Plasticismo. El término Arte Óptico, u Op Art, surge en sintonía y alrededor de la exposición The responsive eye, realizada en el Museum of Modern Art, de Nueva York, en 1965, y curada por William Seitz. Su objetivo fue identificar el movimiento de artistas que utilizaban procesos psicológicos y físicos para producir la ilusión del movimiento.

La característica de la pintura óptica es producir vibraciones retinianas en el ojo, al darse la ambigüedad vibratoria entre los planos inmóviles. Lo hace a través de fórmulas visuales como series, patrones radiales, estructuras concéntricas o centrífugas, secuencias lineares contiguas, tramas reticulares que generan un ilusionismo espacial y temporal. El arte Óptico está animado por un discurso de comprensión universal, asentado en valores como la abstracción geométrica y el uso del color. Su irrupción ha producido un impacto directo, tanto fisiológico como psicológico, al acto de ver, apelando a un ojo libre, y es un estilo que no discrimina intelectualmente a sus espectadores.

La técnica del artista cautivó en sus vibraciones, altibajos, formas que emergen y se retrotraen, con sus formas reposadas o en tensión. Y la última reflexión sobre estas exposiciones de Careaga en Munich, Bratislava y Viena, es que sus pinturas ofrecieron un discreto mensaje y que no pasó inadvertido: el Paraguay, hoy como nunca, está en transformación.

El año pasado su obra se expuso en Munich, en el Instituto Cervantes; en marzo, en la Galería Z, de Bratislava, Eslovaquia; y a fines de septiembre en el Cervantes, de Viena, en Austria.

Arte

Fernando Moure (*)

Crítico de arte

moure.fernando@gmail.com