Editorial

El ministro de Educación no es apto para enfrentar la crisis

La principal deficiencia del Gobierno ante el Covid-19 está en la cartera de Educación. Los desatinos del ministro Eduardo Petta revelan que no es apto para enfrentar la crisis. Mientras países vecinos implementan planes alternativos para no perder aulas, el MEC no tiene un plan claro, las clases virtuales no son efectivas y las presenciales han sido suspendidas hasta diciembre, con la pérdida del año lectivo para muchos estudiantes. La imposición de entregar los kits alimentarios solo si los alumnos completan tareas escolares dictadas en forma virtual constituye un chantaje inmoral para las familias pobres. El presidente Abdo Benítez debe dar un viraje y poner la educación en manos de gente mejor preparada.

Mientras mucha gente aplaude la gestión del ministro de Salud, Julio Mazzoleni, y los miembros de su equipo para enfrentar la pandemia del Covid-19, no sucede lo mismo en otra de las áreas sensibles afectadas.

El titular de la cartera de Educación y Ciencias, el ministro Eduardo Petta, es uno de los más cuestionados por gremios de estudiantes, docentes y sectores de la ciudadanía, por la serie de desatinos cometidos en las últimas semanas, pero principalmente por no demostrar un plan claro para conducir y salvar el año lectivo en medio de la emergencia, recurriendo en gran medida a la improvisación e incluso a la extorsión inmoral con el tema de entregar ayudas de alimentos a las familias necesitadas, a cambio de exigir tareas dadas por clases virtuales a los alumnos, que en muchos casos son de difícil o casi imposible cumplimiento.

Petta, quien ya arrastraba numerosas críticas en más de un año y medio de gestión, ha hecho gala de su poca preparación para conducir el sector de la educación en el Paraguay, que junto al de la salud pública es uno de los más postergados y de más pésima infraestructura y calidad en la región. Nuestro país invierte apenas el 3,7 del PIB en educación, cuando la Unesco recomienda el 7%. Los varios casos de locales ruinosos o muy deficientes, con techos de escuelas y colegios que se han derrumbado sobre las cabezas de los estudiantes, han sido objeto de escarnio internacional.

A pesar de que el presidente Mario Abdo Benítez había prometido en su discurso de asunción al cargo, en agosto de 2018, que la educación sería “una causa nacional”, no se ha cumplido en la realidad. Haber designado al frente de la cartera a un mediático dirigente político, con poca o casi ninguna preparación en el rubro, ha generado más fricciones que resultados. Su soberbia y falta de apertura para dialogar y trabajar con los sectores de la comunidad educativa es uno de los puntos más cuestionados.

Ante la pandemia y la obligada suspensión de clases presenciales, Petta ha insistido en clases virtuales que no llegan a los puntos más vulnerables del país, tanto por la falta de preparación de los docentes como por las deficiencias de conectividad digital, principalmente debido a la pobreza en que sobreviven amplios sectores de la población.

El anuncio oficial de que ya no se podrá regresar a las escuelas y colegios en lo que queda del año y se dependería exclusivamente de clases virtuales, causó sorpresa, ya que en otros países se contempla la reapertura parcial y gradual de los locales para no perder el año lectivo, como ya se viene haciendo a nivel de escuelas rurales en el Uruguay. Aquí, sin embargo, se teme que el esquema signifique la pérdida del año lectivo para muchos alumnos.

Como corolario, la imposición de entregar los kits alimentarios solo si los alumnos completan tareas escolares dictadas en forma virtual constituye un chantaje inmoral para las familias pobres.

Ante este grave panorama, el presidente Mario Abdo Benítez debe dar un viraje y poner la educación en manos de gente mejor preparada. Es inadmisible la improvisación en materia de la educación. Ya son demasiadas décadas de improvisación. Es hora de un cambio real.

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