La rebelión de las bancadas liberal y colorada contra la decisión de las cúpulas duró poco. Los capos partidarios, junto al presidente Cartes, operaron para convencerlos de la necesidad de la renovación judicial, en medio de negociaciones que incluyen desde cargos hasta futuras candidaturas.
El calendario de hechos muestra la velocidad y el dramatismo de los acontecimientos.
LUNES 1. El presidente Cartes se reunió con varios senadores colorados en Mburuvicha Róga. Allí analizaron números y salió con más claridad la orden de trabajar sobre los indecisos. La estrategia presidencial es apuntar a la renuncia y evitar el dramatismo del juicio político que tiene la sobrecarga de la crisis.
MARTES 2. Víctor Núñez, el que dijo en una desafiante conferencia de prensa hace un mes que solo Dios los sacaría del cargo, renunció sorpresivamente en una escueta carta. Era la prueba más tangente de que los votos para el juicio político finalmente se lograron (53 como mínimo en Diputados). El presidente Hugo Velázquez anunció que existían 60 votos. Los zacaristas inclinaron la balanza por el juicio, dicen que con la promesa de Cartes de apoyar a Zacarías Irún para la presidencia de la Junta de Gobierno. Lo que está por verse.
MIÉRCOLES 3. Los ministros liberales, Sindulfo Blanco y Miguel Bajac, y el colorado César Garay, en abierto desafío al Parlamento y al presidente, señalaron, vía mensaje, que no renunciarán al cargo enfrentando el juicio político. Esa misma noche, una comitiva liberal (integrada, según datos extraoficiales, por Fernando Silva Facetti y Enzo Cardozo) llegaron hasta Blanco y Bajac para persuadirles. Los senadores fracasaron y recibieron un rotundo no como respuesta. Es más, fueron calificados de ingratos por los ministros, quienes enumeraron los favores hechos a los liberales.
JUEVES 4. La Cámara de Diputados revocó el dudoso reglamento Tuma por el que se calendarizaban los descargos de los ministros. El documento no era otra cosa sino dilatar el juicio a la Corte. La abrumadora mayoría demostró por primera vez los votos favorables para el enjuiciamiento.
Ese mismo día, Blanco devolvió la bofetada a su partido, el PLRA, con una carta en la que demostraba la supuesta incoherencia del libelo acusatorio, donde uno de sus “pecados” era haberle favorecido al club Centenario con la devolución del IVA. Y recordó que ese mismo beneficio él había otorgado al PLRA en 1995. En declaraciones radiales remató con un “heta mba’e ha’eta” (“muchas cosas voy a contar”).
Ese mismo día, los líderes de bancadas y miembros de la mesa directiva de Diputados anunciaron la convocatoria a una sesión extraordinaria para el próximo miércoles 10, para empezar el proceso de juicio político a los ministros Blanco, Garay Zuccolillo y Bajac.
Con esta posición se cerró el círculo sobre la Corte Suprema de Justicia y los 4 elegidos para el patíbulo. Núñez optó por evitar el escándalo del proceso y huyó a tiempo sin decir una sola palabra.
Blanco y Bajac se defienden a capa y espada a través de los medios. Incluso amenazan con contar todo, sobre todo cuánto han apoyado a sus correligionarios. ¿Se animarán a confesar sus delitos? Porque si admiten que favorecieron con sus sentencias a los políticos no harán otra cosa sino confirmar las sospechas de siempre. Entonces será un suicidio. Por eso es difícil creer que lo hagan. Probablemente se llevarán esos secretos a la tumba.
OPERATIVO RENUNCIA. A pesar de la declaración de guerra de los 3 ministros, sigue el operativo renuncia de los mismos. La presión se ejerce con mayor carga sobre el colorado menos colorado: César Garay Zuccolillo, quien hizo saber que se someterá al juicio político porque considera que las acusaciones en su contra son muy endebles. Los colorados le ofrecen a cambio de una renuncia digna, el exilio dorado de una embajada.
La dimisión de Garay es clave para el éxito rápido del proceso e incluso puede evitar el proceso. Hay 3 senadores colorados que no apoyan el juicio (por ahora): Julio Velázquez, Pipo Alfonso y Juan Darío Monges. Juntos con la multibancada socialista totalizan 16, cifra que traba la destitución que necesita 30 de los 45 votos del Senado.
Si Garay se va, quedarán solamente los dos liberales y es improbable que los colorados Velázquez, Monges y Alfonso apoyen su continuidad, por el costo político muy alto.
La renuncia de Garay podría tener también el efecto dominó: que Bajac y Blanco renuncien ante la inexorable destitución.
Es el jaque mate que buscan el presidente y Blas Llano. Quedan pocos días para saberlo.