Opinión

El merengue de Yacyretá

 

Luis BareiroPor Luis Bareiro

De todas las metáforas usadas para explicar el entuerto de Yacyretá, me gusta más la pastelera; así que para empezar imaginemos que Argentina y Paraguay son vecinos que decidieron hacer juntos una torta. Argentina era la más interesada porque andaba escasa de carbohidratos, mientras que Paraguay ya estaba cocinando otra más grande con Brasil.

Paraguay no pondría un dólar para la confección, pero aportaría la mayor parte de los ingredientes; el 80% del territorio a ser inundado y “su mitad” del río. Argentina se comprometía a poner la plata en calidad de aporte.

La idea era simple: cocinarían la torta juntos y luego venderían los pedazos a un precio que permitiera devolver los aportes y pagar por los ingredientes. Cada socio tendría derecho a comprar hasta la mitad de la torta. Si alguno no quería comprar todas sus porciones, el otro podría hacerlo entregándole una compensación por porción cedida.

En los papeles todo estaba bien; en la práctica, fue un desastre. Debido a las dificultades económicas argentinas, se demoraron 30 años en terminar la torta. Para colmo, Argentina decidió unilateralmente cobrar un interés por sus aportes, violando el acuerdo original. Así, aunque todavía no se vendían las porciones o se vendía mucho menos de lo previsto, la deuda crecía como levadura.

Otra alteración agravó el cuadro. Los pedazos que debían comercializarse a un precio que permitiera pagar tanto la deuda como la compensación se vendieron a precio subsidiado mediante una modificación del acuerdo que nunca fue aprobada por el Parlamento paraguayo (la Nota Reversal de 1992). Este subsidio que benefició casi enteramente a los argentinos (se llevaron el 94% de la producción) impidió pagar la deuda, que con la aplicación ilegal de los intereses trepó a casi USD 19.000 millones, e hizo que Paraguay recibiera casi nada de lo que le corresponde por cesión de energía y territorio inundado.

¿Cómo corregimos este entuerto? Negociando. Y nuestra principal carta de negociación es el déficit energético de Argentina. Nuestro socio necesita de más torta y Yacyretá puede cocinar más. Por eso, nuestros momentos claves para conseguir reivindicaciones se dan cuando la hidroeléctrica se encuentra a punto de aumentar su producción.

La primera fue en el 2011 (cuando se elevó la cota del embalse permitiendo que la producción pasara del 60% al 100%). La segunda es ahora (la maquinización de Añá Cuá generará 10% más). La primera oportunidad se desaprovechó totalmente. Para esta segunda, Cartes acordó con Macri que se eliminen los intereses ilegales de la deuda (quedó en USD 4.000 millones), que se pague en treinta años con una gracia de diez, y que Paraguay cobre finalmente lo acumulado por territorio inundado, pero en diez años y a partir del 2023.

Es sin duda mejor de lo que tenemos, pero mucho menos de lo que corresponde; y –lo que es peor– todavía no lo aprobó el Congreso argentino, pero nosotros ya entregamos la carta de Añá Cuá.

No es que entregara nuestra soberanía; la mitad del pastel sigue siendo nuestro. Pero, hasta ahora, como mucho nos dejaron lamer el merengue; y no hay garantías de que eso vaya a cambiar.

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