Fiorello Botti - cuyos restos son velados en el salón Pax Primavera (Venezuela 1503 y Teniente Bosch) y de donde parte hoy a las 9 el cortejo fúnebre que lo trasladará a su última morada, en el cementerio de la Zona Norte, Fernando de la Mora- va a quedar para siempre en la historia del humor gráfico paraguayo como el pionero del género.
En el gobierno del dictador Alfredo Stroessner no era fácil expresarse con relativa libertad. Y menos criticar a los que ejercían el poder sin contrapeso alguno. Botti, sin embargo, se las arregló para convertir las imágenes y los textos que nacían de su ingenio en herramientas periodísticas.
Los dibujos y sus epígrafes, muchas veces, eran más rotundos y fulminantes que una página entera de información escrita.
El vuelo de Botti - que el 17 de diciembre próximo debía cumplir 89 años- comenzó a cobrar altura en los diarios La Mañana y El País. Donde alcanzó alturas definitivas, sin embargo, fue en el diario Última Hora (ÚH) que le dio los privilegiados espacios de la tapa y la página editorial.
RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL. Con el correr del tiempo, sus creaciones se volvieron necesarias e imprescindibles. Tanto es así que ni siquiera pudo dejar de producirlas cuando en octubre de 1991 realizó un periplo por el Viejo Mundo y tomó parte del Festival Internacional de la Caricatura realizado en Saint Estève, Francia.
En aquel entonces, la primera plana del periódico donde había anclado a pedido de su amigo Isaac Kostianovski, traía sus trabajos con la presentación de: Botti desde Madrid, Botti desde Londres, Botti desde París y, finalmente, Botti desde algún rincón de Europa.
Aquel viaje - que se sumó a los que hizo por el Japón y la República de China- fue uno de los momentos estelares de su carrera: se codeó con los grandes de su profesión y su tarea artesanal cotidiana adquirió un tinte universal al ser reconocida mundialmente. El lugar de honor que le concedieron en el Festival fue una muestra del espacio que había ganado entre los de la primera línea del ejercicio del periodismo a través del humor gráfico.
“Lo que más me emocionó - le contaba a Edilberto Jara Rojas que cubrió el Festival Internacional de Caricatura para ÚH- fue que el llegar y hacerme cargo de mi stand, encontré mi bandera, la paraguaya, ondeando en alto junto a las de otras naciones representadas en el evento por medio de sus artistas”, mencionaba.
Ese tiempo fue fecundo para su carrera porque no solo expuso en un escenario de prestigio indiscutido e indiscutible sino que le sirvió también como trampolín de aprendizaje y conocimientos. Su visita al Museo Londinense de Caricaturas le permitió corroborar que formaba parte de la rica historia universal de la expresión a través de las imágenes y las palabras.
CRÍTICA POLÍTICA Y SOCIAL. Si bien en tiempos de la dictadura era difícil criticar al régimen despótico sin sufrir consecuencias, como ser silenciado, ir preso o ser asesinado por el “atrevimiento” de expresarse con libertad y señalar con el índice los abusos del poder, Botti capeó con relativa calma esa dificultad.
Es cierto que los códigos usados por él estaban inspirados por la prudencia. Había personajes y temas intocables. Por lo tanto - con un sentido de supervivencia que le permitió sortear las tormentas- , no se arriesgaba a ir más allá de lo que la intuición o la razón dictaban como límites.
Fue, sin embargo, notorio cómo a lo largo del tiempo esa diaria labor de zapa, en que los hombres de la dictadura y sus actos - así como la sociedad en general- , fue ampliando sus horizontes, ganando espacio y conquistando territorios de libertad.
Después de que los colorados, militantes y stronistas el 1 de agosto de 1987 se apoderaron de la totalidad del poder a la sombra de Stroessner, Botti criticó al Cuatrinomio de oro compuesto por los hombres fuertes de la época: Sabino Augusto Montanaro, Mario Abdo Benítez, J. Eugenio Jacquet y Adán Godoy Jiménez.
Un célebre dibujo de Botti los representa vestidos con ropas de presidiarios. La lectura era que el lugar de ellos no era la puja electoral sino la cárcel. Aquella vez la osadía no tuvo como réplica el apresamiento del que había ido demasiado lejos, en un país donde muchas veces ni siquiera se permitía ir cerca.
Los diversos aspectos de la política internacional no le eran ajenos así como las lacras sociales que había en el país.
Por otro lado, sus caricaturas estaban hechas con mano maestra y el inconfundible estilo que lo había caracterizado a lo largo del tiempo. Ni los de carácter más agrio - los más argeles, para ser concretos- reaccionaron de manera negativa al verse retratados.
El arte de Botti sirve para entender mejor lo que fue una extensa etapa de nuestra historia.