Política

El gran estadista que hacía huir a los corruptos con un revólver

Andrés Colmán Gutiérrez

En agosto de 1920, a su regreso tras largos años de estudios en Europa, Eligio Ayala aceptó ser ministro de Hacienda del presidente Manuel Gondra. Recibió la visita de un empresario interesado en proveer servicios al Estado, quien insinuó que si el ministro aprobaba la negociación, estaría disponible una gran suma de dinero en su cuenta personal.

—¿Quiere que apruebe su oferta a cambio de dinero para mí?

—preguntó Eligio. —Así se manejan las cosas en este país —respondió el empresario, con un guiño cómplice. —Espere y le daré la respuesta —dijo el ministro. Abrió el cajón del escritorio y extrajo un revólver, con el que apuntó al visitante. —¿Eh...? Doctor, ¿qué hace? —se asustó el empresario. —¡Maldito delincuente, salga de aquí y no vuelva nunca más! —gritó Ayala con el arma apuntada hacia el hombre, quien saltó por una ventana y huyó apresuradamente. La anécdota es recordada en distintas versiones.

La historiadora Beatriz González de Bosio refiere: “La corrupción en cualquiera de sus formas estaba vedada. Ayala tenía a su favor una reputación límpida.

Se sabía que cuando en el Ministerio de Hacienda recibió ofertas sutiles de soborno por parte de un proveedor del Estado, él no había dudado en desenfundar un revólver obligando al oferente a un precipitado abandono del despacho ministerial”. Hugo Rodríguez Alcalá recrea la escena en un relato (En el despacho del ministro) y dice que el empresario se apellidaba Padrón: “Abrió una gaveta y empuñó un pesado revólver. Se oyó nítidamente el clic metálico del arma al ser amartillada.

‘¡Los ladrones no salen por la puerta: huyen por la ventana!’. Aterrorizado retrocedió Padrón hasta la ventana entreabierta; al tropezar con el barandal del balcón, se dio vuelta y arrojó al jardín el sombrero, el bastón, los guantes. ‘¡Salte, ladrón!’. No hubo más remedio. Cayó de bruces, de puro miedo, abiertos los brazos y las piernas, como un batracio, sobre rosales llenos de rosas y espinas”.

RARA AVIS Lo llamaban “El Breve” por ser de baja estatura y “El Grande” por su aporte al país. Historiadores y analistas coinciden en que fue el presidente más honesto y capaz que gobernó el Paraguay.

José Eligio Ayala nació el 4 de diciembre de 1879 en Mbuyapey. Al igual que su hermano gemelo Emilio Dejesús eran hijos de una madre soltera, Manuela Ayala. Su padre, el docente español Mariano Sisa, les negó el apellido. Tras aprender las primeras letras con su madre, en 1894 se trasladó a estudiar en Encarnación, donde su tío José del Rosario Ayala dirigía un colegio.

Culminó el bachillerato en Asunción y decidió seguir la carrera de Derecho en la Universidad Nacional, porque deseaba ayudar a los humildes que padecían injusticias. Seguidor del Partido Liberal, apoyó la revolución liderada por Benigno Ferreira en 1904, que desplazó a los colorados tras dos décadas de gobierno.

Se recibió de abogado con honores, fue fiscal del crimen y juez de primera instancia. Integró círculos intelectuales con Eloy Fariña Núñez, Juan E. O’Leary, Alejandro Guanes, Arsenio López Decoud, Ignacio A. Pane, Fulgencio R. Moreno, Eusebio Ayala, Manuel Gondra.En 1908, un levantamiento armado del mayor Albino Jara depuso al presidente Benigno Ferreira. Dolido ante tantas muertes causadas por las ambiciones de caudillos, tras haber sido presidente de la Cámara de Diputados, Eligio Ayala decidió marcharse del país.

Permaneció diez años estudiando finanzas, economía, sociología y filosofía en prestigiosas universidades de Francia, Inglaterra, Alemania y Suiza. Sabía que el Paraguay necesitaba de un estadista con alta formación técnica y política. Él se preparó para asumir el desafío.

UNA NUEVA ETAPA A fines de 1919, el doctor Eligio Ayala volvió al país. “Regreso sin un céntimo, pero con un caudal de convicciones”, escribió. El 15 de agosto de 1920, Manuel Gondra asumió la presidencia y lo convocó a ser ministro de Hacienda. Ordenó los gastos y se destacó por el manejo austero y transparente de los fondos públicos, invirtiendo en obras que beneficiaban a la población. Las peleas en el liberalismo obligaron a Gondra a dejar la presidencia en octubre de 1921.

Eusebio Ayala asumió el cargo en forma provisional y pidió a Eligio que continúe como ministro de Hacienda.En mayo de 1922 el coronel Adolfo Chirife se levantó en armas buscando llevar a la presidencia a Arturo Schaerer. La guerra civil se prolongó por meses y Eusebio Ayala fue forzado a renunciar. Las autoridades del Congreso le pidieron a Eligio Ayala que asuma la presidencia provisional. En vista a su gran prestigio, era uno de los pocos a los que los distintos bandos iban a respetar.

UN GOBIERNO DISTINTO Ante un país devastado, el presidente Eligio Ayala puso en orden las finanzas y la administración del estado. “Equilibró el presupuesto y estabilizó la moneda, pagó puntualmente los sueldos de la administración pública, causando el desbande y ruina de los usureros, solventó las deudas más perentorias de la nación y todavía restó un saldo sustancial del dinero público”, escribió Arturo Bray.

Tras su gobierno provisorio, se presentó a elecciones para asumir como presidente constitucional de 1924 a 1928. Al concluir su periodo, resistió las propuestas de forzar su reelección por parte de las autoridades de su partido, pero aceptó ser ministro de Hacienda de su sucesor, José P. Guggiari. En este periodo se dio el episodio en el que el mandatario pidió nombrar a un nuevo secretario en el gabinete. Eligio respondió con una nota de puño y letra: “Si el presidente de la República quiere un secretario fuera de presupuesto, que lo pague de su bolsillo”.

Falleció tras un penoso episodio de tiroteo con el amante de su mujer, Hilda Diez. Entre sus pertenencias solo se registraron una humilde casa, su amplia biblioteca y una modesta cuenta bancaria. El 1 de marzo de 2011 sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional de los Héroes. A casi un siglo, su ejemplo resplandece entre la mediocridad y la corrupción de la actual política.

RECTITUD. Es considerado el presidente más honesto y eficiente que tuvo el Paraguay.

IMPLACABLE. ”Si quiere un secretario fuera del presupuesto, que lo pague de su bolsillo”, decía.

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